BAQUIANA – Año XXV / Nº 129 – 130 / Enero – Junio 2024 (Poesía IV)

FOTO SECCIÓN POETICA

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PALOMA FERNÁNDEZ GOMÁ 

Nació en Madrid, España (1953). Es poeta, escritora, crítica literaria y articulista. Su obra está recogida en diarios y revistas nacionales (artículos, poesía, estudios y ensayos críticos), así como en distintas antologías de ámbito nacional e internacional. Ha sido traducida al mallorquín, al árabe, al inglés, al francés, al italiano, al rumano, al portugués y al griego. Es Académica de la Real Academia de Nobles Artes de Antequera y Consejera de Número del Instituto de Estudios Campogibraltareños de la Mancomunidad de Municipios del Campo de Gibraltar. Pertenece a la junta directiva de ACE sección de Andalucía por Cádiz. Miembro de la junta directiva de la Asociación de Escritores y Críticos Literarios de Andalucía. Desde 2012 fundó y dirige la revista cultural de ámbito internacional DOS ORILLAS. En 2021, la Asociación Colegial de Escritores de España, sección de Andalucía le concedió a la revista Dos Orillas el VII Premio Mecenas “Manuel Altolaguirre” de la Literatura Andaluza. Ha participado como ponente en conferencias, encuentros y seminarios. Tiene publicados más de veinte libros. En poesía cabe destacar: El ocaso del Girasol (Fundación Municipal José Luis Cano, Algeciras, 1991), Calendas (Editorial Torremozas, Madrid, 1993), Sonata floral (premio de poesía Victoria Kent, 1999), Senderos de Sirio (premio de poesía María Luisa García Sierra, Cádiz, 1999), Paisajes íntimos (Editorial Corona del Sur, Colección Biblioteca General, Málaga, 2000), Lucernas para Jericó (2003), Tamiz del desasosiego (2003), Cáliz amaranto (Editorial Torremozas, Madrid, 2005, finalista del premio de la Crítica de Andalucía), Ángeles del desierto (Ayuntamiento de Málaga, 2007), Acercando orillas (Cádiz, 2008), Espacios oblicuos (Editorial Devenir, Madrid, 2015), Iris (Editorial Ánfora Nova, Córdoba, 2017) y Las tierras de Silo (Editorial Anáfora, Córdoba, 2022). A su obra en prosa pertenece el libro Veinticuatro retratos de mujer (Fundación Municipal de Cultura José Luis Cano, Algeciras, 2007) donde el género de la narrativa breve se mezcla con el relato histórico de marcada impronta femenina. Aquí el lector camina por distintas épocas históricas, desde las epopeyas homéricas hasta la actualidad, entre narraciones en las que las mujeres son sus protagonistas.

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MEMORIA SIN NOMBRE

 

Navegamos sin rumbo hacia playas desconocidas

sin barcas ni racimos del néctar que nos habitó,

somos números de batallas por librar

hacinadas en una memoria sin nombre.

Debemos dejar que el acanto descubra horizontes

y la garza explore el alba de su despedida,

desdibujando el cielo para recuperar la fe,

cuando el llanto nos inunde con decibelios de ultraje

y mareas empapadas por la deriva.

La escasez siempre fue débil

y fingió las sombras de un viaje inesperado.

Arcadia de dolor trascendida

donde es imposible conocer los mensajes

más allá de las vallas publicitarias.

 

 

LABIOS AUSENTES

 

No abras la hoja ausente de los labios,

para que calle hasta la extenuación

y deje correr el tiempo de los horizontes

sin rumbo, por el recuerdo acompasado

de las noches en vela; cuando la herida

profundiza la piel y los ángeles custodios

abandonan el acantilado, sembrando

la zozobra ante el abismo.

Descubrir la fragilidad por la que navegas

en la vida

es una realidad que agota

y arrastra hacia un yo distinto en cada instante.

Nunca superas el miedo al infortunio

ni ves el paisaje que oculta el anochecer

cuando el mirlo asoma tras el lentisco

imaginando un abrazo de no fronteras

con un pasaporte sin nombre

que delata nuestra incapacidad

para construir espacios comunes.

Siempre hay un cúmulo extenso y nevado

que incide en ocultar la verdad del trance

que está por venir.

 

 

CORSARIOS DE LA SOLEDAD

 

Los corsarios de la soledad han robado

tantas horas al tiempo, que no queda

sangre para llenar las venas.

Un entramado de silencio fue horadando

la conciencia con falsas promesas

de ideales ficticios, rotos

antes de llegar a su destino.

Las habitaciones guardan el olor

que le fuimos dejando con nuestra presencia.

Llevan impreso nuestro destino en las paredes

y guardan en silencio nuestras horas de soledad.

Son confidentes de palabras que no llegaron

a pronunciarse. Ellas también temen la soledad

si tú no las habitas.

 

 

CONCHAS VACÍAS

 

Siempre se llenaron las orillas

con mensajes de conchas vacías;

todo un rito atávico de consuelo

que inunda la arena,

estableciendo un memorándum

entre el ayer y el presente.

La lluvia sobre el  mar no alimenta semillas,

sólo riega la sal, avecinando

consensos de humedad

entre las orillas.

Huir del tiempo es misión imposible

la soledad lo arrastra;

y lo adentra en sus líneas convexas

tratando de ungir imposibles.

Descifrar las claves de la soledad

es huir de ti mismo,

porque sentirte solo es un segmento vacío,

jamás transitado, que te aísla,

no busca compañía

su único objetivo fue brillar en silencio.

 

 

TORMENTA

 

He observado a través de las rendijas del tiempo

para ver como el brote de los tallos

se va consumiendo.

Ante la visión inquisitiva

la vela ya no ilumina las esporas.

En la habitación se consumen los pétalos.

Sobre la mesa una prenda olvidada,

el cántaro vacío y los recuerdos oxidados,

mientras tanto el iris duerme

en la mirada.

Mañana encajarán  de nuevo  las piezas

del puzle

y habrá hilo para seguir hilvanando.

Sobre la mesa de la infancia permanecen

los cromos.

El ámbar de la tarde cubre las calles

recién mojadas.

Un clamor de tormenta

se ha colado por los poros

y la tarde resucita bajo el pararrayos

serpenteando entre las aceras;

el agua le da sustento.

Un verde cobrizo se cuela

por el bastidor implicando vestigios

de antiguas huellas sobre los frunces de la tela.

Cómo  brilla el tilo y sus hojas encendidas

por la lluvia.

La noche suele dejar un extraño rescoldo

de olor a hollín

donde se cobijan las farolas

cuando se cierran las puertas.

 

 

VÍNCULOS

 

En el origen del tiempo, tembló el mar

y se cruzaron los horizontes en dádivas argénteas,

hasta alcanzar el ocaso intermitente que se yergue

en los manglares,

sosteniendo ese cántico, todavía por descifrar

que otorga el emplazamiento atemporal,

donde los cultos son expiados

en el último enfrentamiento

que sostiene el código de los planetas.

 

Después llegó la oscuridad y un temblor de jarcias

y extremos, debilitando el legado de nuestra herencia

hasta que el hombre hallara el vínculo más antiguo

de su posterior nacencia.

 

Los pies, los únicos que saben,

regresan restaurados

como si no hubieran pasado

la noche caminando

por calles suspendidas donde el tigre

alumbra miedos blancos,

donde calmo y ecuánime

parece que gobierna más visible el azar.

 

Se orienta el día,

ascienden verticales.

Corta la luz perfiles, les asigna

alturas y medidas, espesores,

entrevera los colores el sol,

desparrama amarillos y rosados,

violetas atrevidos, pentagramas.

 

Me invita a aparecer, me prende

los afanes, me farfulla al oído

un nombre que la noche había olvidado.