BAQUIANA – Año XXIII / Nº 121 – 122 / Enero – Junio 2022 (Narrativa I)

LOS PÁJAROS DE YUAN YI

 

 por

 

Blanca Caballero Pacheco

 


–Algún viajero habla de un árbol cuyo fruto son verdes pájaros. Menos me duele creer en él que en rosas con letras.

–El color de los pájaros parece facilitar el portento. Además, los frutos y los pájaros pertenecen al mundo natural, pero la escritura es un arte. Pasar de hojas a pájaros es más fácil que de rosas a letras, dijo Averroes.

Jorge Luis Borges, La busca de Averroes

 

 

     Saúl se sentía satisfecho en la nueva ciudad. Para conocerla recorría distintas zonas. Un día llegó al barrio chino. Le llamó la atención el arco de ingreso a la avenida principal, construido con piedras. Tenía varios metros de altura, el techo era de teja roja y sus extremos laterales estaban adornados con dragones. Las robustas columnas terminaban en leones con bocas abiertas, dejando al descubierto afilados colmillos, quizás queriendo espantar a los intrusos que no llegasen allí de buena fe, pensó.

     Disfrutaba observando la milenaria cultura. Las construcciones y objetos que veía le parecían peculiares. Le llamaron la atención los dibujos y pinturas con un estilo nunca visto, así como las caprichosas formas de techos y cielorrasos.

     La actividad comercial era intensa. A pesar de la premura con que ejecutaban sus obligaciones le agradó ver el gentil ceremonial conque trataban a sus potenciales clientes. Le impresionó la febril actividad de los trabajadores, en lavanderías, en tiendas de confecciones, donde le hacían el pedido al cliente en unos cuartos de hora, en el mercado de frutas y hortalizas, allí exhibían vistosos vegetales cultivados con amor por los propios vendedores.

     Quedó fascinado con el lugar y se hizo asiduo visitante. En una ocasión entró en un local de té. La decoración era sencilla, los muebles, ventanales, porcelanas de adornos y vajillas, armonizaban. Un delicado olor a jazmín y a vapores de maderas, para él desconocidas, deleitó su olfato y lo transportaron a ambientes exóticos. Se sentó y pidió té. Lo sirvieron siguiendo un ceremonial usado durante siglos en la China imperial, en un tazón de porcelana decorado con bellos paisajes naturales.

     Cuando tomaba la bebida, alzó la vista y vio entrar a una mujer de exótica belleza. Su rostro brillaba como si estuviera cubierto de polvo de estrellas. La observó atentamente. Sus rasgos asiáticos delataban su origen. No era alta, pero bien proporcionada, tenía manos pequeñas que terminaban en afilados dedos. Su andar era grácil, y al poner el pie en el suelo lo hacía con delicadeza. Vestía a la usanza china, llevaba un qipao(1) de fondo azul celeste sobre el que se representaba un paisaje florido, de mangas cortas, dándole un toque de modernidad a la tradicional vestimenta. El cuello de la prenda era alto resaltando su feminidad.

     Lo que más le impresionó fue el cabello. Sumamente negro y largo, caía sobre la espalda. Tan largo era, que de traerlo suelto hubiera arrastrado un buen tramo; eso no ocurría, pues, para encanto de Saúl, pájaros multicolores sostenían mechones en sus picos y lo hacían flotar, como hacen las damas de honor cuando sostienen el velo de las novias. El conjunto de pájaros, junto a la vestimenta de la joven, y su encantador caminar, conformaban una procesión que trajo a su mente las más fantasiosas descripciones de cuentos orientales. La mirada de Saúl la recorrió lentamente. Luego del cabello y rostro, siguió por sus delicadas manos. Sus orejas eran pequeñas, como almendras, adornadas con largos colgantes de jade que destacaban el largo y delgado cuello. Saúl no podía sustraerse de la fascinación que le causaba el bien proporcionado rostro rodeado por la exuberante cabellera.

     Quiso verla de cerca y escuchar el metal de su voz. Intentó acercársele, no lo logró, entre la multitud de aves que la rodeaban, los sirvientes asiáticos y otros personajes, formaban un impenetrable coro a su alrededor. Comprendió que era un destacado personaje de la comunidad.

     Cuando la joven abandonó el lugar, dio una propina a un sirviente y le pidió le contara sobre ella. Averiguó que era una escritora de poesía asiática tradicional, descendiente de familia noble por muchas generaciones.

     La impresión que le causó y el interés por verla nuevamente hicieron que se convirtiera en asiduo del salón. Todos los días ella entraba majestuosamente con su cohorte de pájaros. Se sentaba y los camareros venían solícitos a atenderla. Saúl buscaba un momento propicio para hablarle, y se colocaba lo más cerca posible de ella.

     Un día la dama envió a un camarero, y lo invitó a sentarse en su mesa. Era la ocasión esperada por él. Ella se presentó:

 

Mi nombre es Yuan Yi.

 

     Y agregó:

Imagino que no sabes cuál es su significado en chino.

Saúl quedó en silencio y pensó: <Desgraciadamente no sé nada de chino>. Ella espero por su respuesta, al no obtenerla añadió:

Significa desear o querer. ¿No le parece un nombre sugerente? Hace tiempo que lo veo en esa mesa…

     Su voz era delicada y melodiosa, y continúo:

 

por lo que le he solicitado que se sentara conmigo.

 

     Saúl la miraba extasiado, embriagado por la tenue fragancia a jazmines y Ginger Lily que la envolvía. Sus oídos disfrutaban de su voz.

     Él, culto y hábil conversador, arriesgó su respuesta pensando que podía ser la única oportunidad para expresarle sus sentimientos. Le confesó que venía al salón para disfrutar de su presencia. Le contó sobre él y su afición a la poesía. Aprovechó para decirle algunas de las que había compuesto para ella. Por la expresión del rostro de la joven se veía que estaba complacida con la charla. Hablaron sobre ellos y de temas variados. Durante la conversación multitud de ojitos lo observaban. A veces algún pajarillo salía de la cabellera y se posaba en una mano de ella, picoteándola con cariño. Ella le decía tiernas frases en mandarín y la avecilla volvía a introducirse en la cabellera.

     Sus encuentros y conversaciones continuaron y se fueron acercando cada vez más. Empezaron a salir juntos. Les gustaba frecuentar el parque chino donde admiraban tanto las escenas naturales: colinas, lagos, riachuelos, como las construcciones de elaboradas geometrías y peculiar encanto. Los pájaros que acompañaban a Yuan Yi se deleitaban en esos paseos. Siempre llevando la larga cabellera, pero cuando se sentaban en la orilla del riachuelo la dejaban reposar sobre el suelo para caminar por la arena.

     Yuan Yi miraba con atención los trazos que sus patas dejaban. Algunas veces reía, otras su rostro mostraba profundo sentimiento; nunca quedaba indiferente. A Saúl le llamaba la atención sus cambios de expresiones y el interés, con el que ella, seguía las huellas de las aves.

     El amor entre ellos fue creciendo. Sus conversaciones, las poesías de Saúl, que Yuan Yi escuchaba con deleite, los paseos en el parque chino y sus visitas a lugares de cultura los fue uniendo cada vez más. La pasión de Saúl era intensa. Ella le profesaba sentimientos similares. El día que no podían estar cerca sufrían la ausencia del otro y decidieron vivir juntos.

    La poesía de Yuan Yi seguía patrones antiguos, y siendo amante de la cultura china tenía cuidada caligrafía. Mientras escribía, Saúl la observaba embelesado. Era imposible no hacerlo, por la destreza y gracia con las que su delicada mano manejaba el pincel.

     En una ocasión Saúl entró en la biblioteca y vio a Yuan Yi que observaba como los pájaros, con sus patitas embadurnadas de tinta, caminaban sobre el pergamino, dejando impresos caracteres chinos. Se sorprendió y preguntó:

 

Es un ritual milenario.

 

     Respondió la joven con enigmática sonrisa, y agregó:

 

Los pájaros me ayudan a escribir los poemas. Hay una relación mágica entre nosotros. Mis antepasados fueron cortesanos de la dinastía Ming. Provenían de la etnia Han, con descendencia directa de la hechicera Jiandi. En una ocasión ella tragó un huevo multicolor, que le dio un pajarillo dorado, resplandeciente como el sol. A partir de ese instante quedó establecido un nexo entre nuestra estirpe y las aves. Es una relación tan profunda, que podemos comunicarnos.

 

     Cuando Yuan Yi iba a escribir, se acercaban los pájaros. Unos traían el pergamino en los picos, otros el tintero para embadurnar sus patas con tinta. Entonces, captando los pensamientos de ella, caminaban sobre el pergamino, escribiendo caracteres que los expresaban. Además de los pájaros escribientes, había otras aves. Algunas de mayor tamaño, tenían por función ventilar la habitación batiendo sus amplias alas. Otro grupo entonaban armoniosos trinos. Yuan Yi le confesó que los trinos la inspiraban. La actividad duraba hasta que los pajarillos escribientes, extenuados, terminaban. Entonces Yuan Yi continuaba escribiendo los poemas.

     Saúl, encantado y sorprendido, le hacía preguntas. Le admiraba que los pájaros pudieran escribir esos caracteres. Ella contó que tenía que ver con el don de la familia y el origen del alfabeto chino, y relató la leyenda sobre su origen (2).

     Yuan Yi además de poetisa era artista, y gustaba escribir embelleciendo los trazos. Por ello, en ocasiones ella prefería escribir, a veces repitiendo los textos que las aves habían hecho. Al final comparaban lo escrito, para ver cuál caligrafía era más hermosa. Era difícil discernir, pues ambas eran muy artísticas. Le pedía opinión a Saúl. Él sin titubear contestaba:

 

Yuan Yi, tu caligrafía es incomparablemente más hermosa. Tu escritura aventaja en belleza a la de ellos.

 

     Yuan Li sonreía y correspondía con una dulce mirada.

     Pasado un tiempo los pájaros comenzaron a actuar con rencor, que manifestaban de diferentes formas. Cuando ellos hacían el amor, los observaban con miradas hostiles. Saúl le pidió que no les permitiera entrar cuando ellos intimaran. Ella trató, pero resultaba imposible, algunos, pequeños, se escondían en la abundante cabellera, y en la oscuridad del cuarto se podía ver como ojillos maliciosos lo observaban atentamente.

     Yuan Yi, seguidora de la filosofía que busca el equilibrio universal, se preocupaba por la hostilidad de sus amigos hacia su amante, y trataba de restablecer la armonía entre ellos, pero no encontraba como lograrlo.

     Los pájaros acechaban a Saúl. Seguían atentamente cada movimiento que hacía. Escondidos dentro de vasijas y jarrones, cuando Saúl pasaba cerca, salían con gran alboroto; algunos volaban tan cerca de su rostro que lo golpeaban con las alas. También emitían sonidos extraños para intimidarlo.

     Para colmo empezó a recibir cartas escritas en chino, que le traducía un amigo. Eran anónimas y amenazaban con aplicarle torturas. Saúl sospechaba que los autores eran los pájaros.

     Un día se levantó a medianoche. Se deslizó silenciosamente hasta la biblioteca, y pudo ver como las escribían. Usaban papel amarillo. Luego introducían la misiva en el sobre. Uno de ellos tomaba la carta en el pico y la depositaba en el buzón.

     A Saúl lo afectaba la hostilidad de las aves; además temía que pudiera afectar su relación con Yuan Yi, por lo que trató de ganarse nuevamente su aprecio. Debía encontrar una solución para que recuperaran la estima por él.

     Al día siguiente los pájaros habían redactado un poema. Yuan Yi, para emular, realizó su versión. Entonces se acercó con los pergaminos y pidió opinión: ¿Cuál caligrafía es más bella, la mía o la de ellos? Él titubeó, estaba ante un dilema. Levantó la cabeza y miró hacia los pájaros, que observaban con atención esperando impacientes la respuesta.

     Mirándola a ella, contestó secamente:

 

La de los pájaros.

 

     No había terminado la frase cuando se oyó un estampido musical, eran los trinos de las aves, que batían sus alas para manifestar la alegría. Algunas volaban con júbilo de un lado a otro. Ella, mujer astuta, comprendió enseguida.

     A partir de ese día el ambiente denso y opresivo, cambió totalmente. Entre las criaturas aladas y el joven se restableció la cordialidad.

     Cuando Yuan Yi se sentaba en la orilla del río, y sus amigos escribían sobre la arena, Saúl acostumbraba a leer y meditar sobre filosofía. Sucedió que un grupo de grullas, con plumas de tonalidades plateadas se acercaron y, con sus patas, comenzaron a escribir en la arena sus razonamientos y aforismos filosóficos.

 

 

NOTAS

(1)  El qipao (旗袍) es el atuendo femenino característico de China. De origen manchú con cuello cerrado y aberturas laterales. Por sus características de armonía y uniformidad destaca la silueta.

 

(2) El emperador Huang Di le dio la tarea al ministro Cang Jie de crear un sistema de escritura para el lenguaje. Buscó durante meses una simbología adecuada. Pensó usar las formas de las nubes, pero lo desechó por difuso. Pensó usar formas simplificadas de objetos, pero lo desechó porque podría conducir a significados multivalentes. Por fin se inspiró en las huellas que dejaban los pájaros en la tierra.

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BLANCA CABALLERO PACHECO

Nació en La Habana, Cuba (1950). Narradora y poeta. Ha sido profesora de Ciencias Naturales y Matemática en varios países. Tiene los libros de narraciones: El jardín de las delicias y de las desquicias (Editorial Llanura), Crónica de una sonrisa (Publicaciones entre líneas) y La princesita y sus amigos animales (Editorial Tregolam). También En poesía ha publicado el poemario Palabras fugaces, palabras perennes (Editorial Llanura). Reside en Miami, Estados Unidos.

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