BAQUIANA – Año XXI / Nº 115 – 116 / Julio – Diciembre 2020 (Poesía III)

FOTO SECCIÓN POETICA

________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________

JAIME MARÍA FERRÁN

Nació en Syracuse, Nueva York, Estados Unidos de América. Es poeta y profesor de lengua y literatura en Clark Atlanta University. Graduado con un doctorado de la Universidad de Carolina del Norte (Chapel Hill). Ha publicado libros y artículos sobre la poesía española del siglo XX. Creció en Syracuse (Nueva York), pero ha vivido en España en distintas épocas de su vida. En los años noventa vivió en Barcelona y fue miembro del Grupo cultural “Albor” de Cambrils (Tarragona). En 1994 fue finalista del premio Letras de oro de la Universidad de Miami en el apartado de poesía. Después de terminar su doctorado, publica en el 2004 Poemas del mar en Carolina del Norte (Nos y Otros, Madrid), fruto de una estancia en las playas de la costa atlántica, cerca de Wilmington. Del 2019 es el poemario Media luna sobre Memphis (Editorial Carena, Barcelona) sobre los años en los que vivió en esa ciudad de Tennessee antes de mudarse a Atlanta.

________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________

 

HOTEL POSMODERNO

 

Llegas al atardecer a Coral Gables,

la recepcionista del hotel

te recibe y habla español.

Te sientas sobre una butaca roja,

moderna,

con dos orejones

(qué divertido es esto).

El lobby tiene varias

pantallas televisivas,

en una se ven formas

de colores como líquidos

que bailan,

en otra, se ven los números

del mercado

de valores del día:

el Dow Jones.

 

 

Estás en un hotel,

estás en una película.

 

 

A un lado, el bar:

dos ejecutivos

saborean un whisky.

Posan sus vasos sobre una barra

que cambia de colores.

Las botellas

en las estanterías de cristal

se duplican en el espejo.

Ligeramente oscuro,

el ambiente es relajante.

Los muebles son de diseño.

Ves las conducciones del aire

expuestas,

colgadas del techo,

brilla el metal o el aluminio.

Las lámparas del techo

parecen flores

brotando en la noche.

Son como estrellas.

 

 

Cansado del viaje,

decides subir a la habitación.

Veloz el ascensor.

Entras con la tarjeta-llave

y por la ventana

ves, abajo,

una piscina descubierta

que brilla, azul,

bajo los focos.

No hay nadie bañándose.

Es ya de noche.

Miras arriba,

despejado y sereno,

el cielo nocturno de Miami

y ves las estrellas.

 

 

Te tumbas sobre la cama,

la gigantesca pantalla

de la televisión delante.

Vas cambiando de canal:

noticias, anuncios, deportes,

un documental,

aquí me quedo:

film noir

(Glenn Ford

y Rita Hayworth en Gilda).

Él está enfadado, ella sonríe,

escenas, blanco y negro.

Bostezas,

cae el control remoto

sobre la cama,

se oye el aire acondicionado.

Piensas en Rita Hayworth

mientras

te vas durmiendo,

suena su voz suave,

aterciopelada,

está cantando

Put the Blame on Mame.

 

 

En tus sueños,

Rita Hayworth canta.

 

 

Estás en un hotel,

estás en una película.

 

 

 

CONSULADO

 

Tengo cita y llego puntual.

Paso el control de seguridad,

el guardián

tiene acento cubano.

Me siento. Llaman mi nombre.

Me hacen pasar

a una sala especial.

Aparece el cónsul y la ayudante,

me saludan

y me dicen que van a

preparar el documento final.

En la sala hay

una fotografía del Rey

y sobre la mesa revistas

y algún libro sobre España.

En la misma sala,

una mujer de mediana edad.

Me dice que es de la Rioja,

su marido trabaja

en una compañía de Miami.

Le gustaría jubilarse

y volver a España:

vivir en Madrid

con viajes a la Rioja.

 

 

Nos gusta Miami,

estamos bien aquí.

nuestros hijos

están en la universidad.

Es pronto

para que se jubile mi marido,

pero estamos pensando en volver.

Estas decisiones son difíciles,

digo yo,

pero luego añado:

también pueden ser muy fáciles.

Hay una pausa:

la mujer me mira

sin saber qué decir.

 

 

Aparece otra vez el cónsul

y me hace pasar

a su oficina.

Miramos el documento,

cada parte.

Hay cambios en algún párrafo,

sale de la oficina un momento

y vuelve

con el documento final.

Firme aquí,

aquí y aquí.

En estas partes sólo sus iniciales.

 

 

Paso entonces

a la oficina de la ayudante.

Me da la versión final

encuadernada.

Saliendo, me despido

de la mujer en la sala,

le deseo buena suerte,

y antes de salir,

miro una última vez

la fotografía del Rey.

 

 

Salgo del edificio

y me recibe

la calle de Coral Gables,

el aire, el ruido,

los coches y las palmeras.

Miro hacia arriba:

resplandece el sol de Florida.

 

 

CALLES CON NOMBRES ESPAÑOLES

 

Sales a dar una vuelta

y llegas a la calle Miracle Mile,

(corazón de Coral Gables).

Hay tiendas, cafés y restaurantes,

tiendas de joyería, ropa cara,

boutiques,

vestidos de boda,

todo muy alto standing.

 

 

Vuelves al hotel

y en el lobby te sientas

a utilizar el ordenador.

Reluce el mapa

en la pantalla

(el ambiente del hotel

es apacible,

oscuro y refrescante).

En la pantalla iluminada

ves que muchas calles

tienen nombres españoles:

Aragon Avenue,

Segovia Street,

Andalusia Avenue,

Catalonia, Valencia,

Almeria,

Salamanca

Avenue,

Ponce de Leon Boulevard.

 

 

En los próximos días,

percibes que partes

de Coral Gables

se parecen a Sevilla,

pero con menos densidad,

más gasolineras,

y más edificios de oficinas.

Otras partes recuerdan a Marbella.

 

 

Años veinte (la década feliz),

el promotor George E. Merrick

desarrolla esta parte de Miami.

Contrata a arquitectos,

crea comunidades planificadas

y construye mil casas

de estilo mediterráneo.

Un huracán

y la Gran Depresión de 1929

acabaron con sus proyectos.

Se fue endeudando,

pero Coral Gables lleva su sello,

su visión y su buen gusto.

Con un socio Merrick

construyó en el año 1926

el Biltmore Hotel,

con su torre central imitando

la arquitectura

de la Giralda de Sevilla.

 

 

El hotel tuvo famoso huéspedes

como los Duques de Windsor,

Bing Crosby,

Ginger Rogers,

Al Capone y Franklin Delano Roosevelt

(época del Jazz, una banda está tocando,

los camareros descorchan

botellas de champán,

would you like to dance?).

 

 

Caminas

por Navarre Avenue

cerca del Miracle Mile,

ves un bloque apartamentos,

no muy grande,

con aire morisco y colonial.

Pintado de color amarillo,

un patio

da acceso a la entrada.

Hay una palmera y elegantes

balcones de hierro.

Se oye, sensual,

el murmullo

del agua de la fuente.

Cierras los ojos

y escuchas el agua.

 

 

¿Estás en Granada

visitando la Alhambra

o en los Reales Alcázares de Sevilla?

 

 

¿Miami o Andalucía?

 

 

¿Jerez de la Frontera o Florida?

 

 

HISPANOS Y CUBANOS

 

En las calles y en los restaurantes,

en los hoteles,

escucho los acentos:

yo soy cubano, nací en Cali,

soy de Puerto Rico,

ella es dominicana.

Muchos españoles

se vinieron a Miami

con la crisis del 2008.

Venezolanos hay por todos lados.

 

 

Los cubanos llevan años en la ciudad,

empezaron a llegar en los sesenta

después de la revolución

y luego los marielitos en los ochenta.

 

 

En el barrio de Little Havana,

en la Calle Ocho,

hay un restaurante cubano célebre.

Sentado en una mesa para uno,

veo que el restaurante está lleno

(decoración clásica,

años cincuenta-sesenta,

lámparas de araña, todo brilla),

el menú tiene comida cubana

y comida española.

El camarero abre el porta-bandejas

y posa la comida:

aquí unos calamarcitos

y unas empanadas de carne,

el batido de guanábana para usted,

¿para quién la ropa vieja?

Sí, señor,

puede tomar café en la pastelería.

 

 

La pastelería está unida al restaurante,

está llena de gente,

hay que coger número (como en España),

hay seis dependientas,

todas cubanas,

una se dirige a la que está en la caja

y bromeando dice:

allí está usted, en su caja como doctora,

mujer bien decente.

Escucho el acento cubano:

juguetón, meloso,

cuánto desparpajo, me encanta.

 

 

Pido un cafecito

y, sentado fuera en la terraza,

pienso en mis días en Miami,

en los cubanos,

en el ambiente tan latino.

En las aceras hay muchas palmeras.

¿Se dice palmera o palma?

Allá se ve una tienda que vende puros habanos.

 

 

Bajo el sol de Miami, van pasando

los coches y los autobuses

por la Calle Ocho.

 

 

JUAN RAMÓN EN CORAL GABLES

 

Los árboles se olvidaron
de mi forma de hombre errante,
y, con mi forma olvidada,
oía hablar a los árboles.

 

(Juan Ramón Jiménez,

“Árboles Hombres”,

Romances de Coral Gables)

 

 

Los árboles de Coral Gables

se acuerdan.

Los árboles se acuerdan de Juan Ramón.

 

 

Principios de 1939,

el poeta embarca

en Nueva York hacia Miami.

España, campo de destrucción.

España, libro en llamas.

España, país sin cielo.

Llega con Zenobia, su mujer,

al puerto de Miami

el 29 de enero, día de invierno.

 

 

Vivirán los dos

en Coral Gables hasta 1942.

Su casa estaba

en el pleno corazón de la ciudad,

en Alhambra Circle.

Blanca y pequeña casa,

con techo de tejas,

le recordaba al poeta

la arquitectura

de su querida Andalucía.

 

 

En esa época,

debió el poeta pasear

a menudo, soñoliento,

por las calles del nuevo barrio,

su barba inolvidable,

sus oscuros ojos

llenos de melancolía.

Paseando por las calles al atardecer

–antes de la hora de soledad–

el poeta de repente

se convierte en árbol.

Quiere hablar con los árboles.

Quiere ser árbol.

Los árboles le escuchan,

y él escucha

que hablan de él.

 

 

Al llegar la noche,

y al tener que volver al hogar,

los árboles se lo quedan mirando

(él sabe que lo miran).

Es entonces cuando

el poeta deja de ser árbol,

para volver a ser hombre,

ya que nunca

fue árbol.

 

 

Su destino es otro,

el de caminar

los caminos de la vida,

el de caminar

los caminos del exilio.

 

 

Aún hoy,

por las calles de Coral Gables

existe el recuerdo

de una sombra:

un hombre elegante y misterioso,

lleno de palabras mágicas.

Un ser que quiso ser árbol

para después

tener que volver a la tierra.

 

 

Los árboles de Coral Gables

se acuerdan.

Los árboles se acuerdan de Juan Ramón.

 

 

ZENOBIA

 

Compañera del poeta,

esposa del escritor,

isla de paz en el exilio,

enfermera

durante las épocas de depresión.

 

 

Zenobia y Juan Ramón

llegan al puerto de Miami

en el barco Numargo.

Tres años antes

(agosto de 1936),

habían marchado de España.

Frontera con Francia

en La Junquera, primero,

y luego el buque Aquitania

los lleva

de Cherburgo a Nueva York.

 

 

Así había empezado

el largo camino del destierro.

 

 

Estancia en Washington

y luego dos años en La Habana.

 

 

¿Cómo fueron esos años

en Coral Gables?

El piso soleado

en la calle Alhambra Circle,

una casa que ya no existe

(ahora hay un banco).

Un año después de llegar,

Juan Ramón

da una serie de conferencias

en la Universidad de Miami

y ella hace de intérprete.

Juan Ramón se negaba

a aprender inglés.

 

 

Es por la mañana

y entra la luminosidad de Florida.

Ella tiene que salir

a hacer unos recados.

Juan Ramón se sienta a la mesa

para continuar

escribiendo un libro

(se llamará

Romances de Coral Gables).

 

 

Alza la pluma,

y antes de escribir,

piensa que no sabe

lo que haría sin ella.

La luz que entra por la ventana

alegra el hogar.

Las cambiantes sombras

sobre las paredes

le inspiran,

le traen jardines, colores y nubes.

Éscribirá hasta que ella vuelva.

 

 

Pero Zenobia fue mucho más

que la esposa de un poeta.

Mujer emprendedora,

comprometida

con la emancipación femenina.

Había nacido en Cataluña,

en Malgrat de Mar,

pero también

vivió en Estados Unidos.

Premios literarios obtuvo,

estudió latín,

música e historia.

Fundó asociaciones.

 

 

Fotografía, 1916, año de la boda.

 

 

A Rabindranath Tagore

tradujo,

en 1926 fue secretaria en Madrid

del Lyceum Club Femenino Español.

También tradujo

a John Millington Synge.

En Cuba trabajó como voluntaria

en una cárcel de mujeres.

Enseñó, ella también,

en la Universidad de Maryland

y en la de Puerto Rico,

en Río Piedras.

 

 

Va llegando

la hora del atardecer,

Juan Ramón

mira por la ventana

y ve las palmeras

y los pinos de Coral Gables.

El cielo del crepúsculo

se tiñe

de rosa y de violeta.

De repente, aparece

la silueta de su esposa.

Está contenta.

Cenan juntos, charlan.

él ha escrito mucho ese día.

Tal vez hablan

de España, de la guerra,

de la República.

Zenobia le cuenta

todo lo que ha visto

ese día en la ciudad.

 

 

Mañana él descansará,

no escribirá. Sólo leerá.

 

 

Ella volverá a la ciudad,

visitas y más recados,

y él la esperará.

 

 

Nota: Esta selección de poemas pertenece al libro inédito Abrazos. Postales de Miami.