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PASCUAL GARCÍA
Nació en Moratalla, Comunidad de Murcia, España (1962). Es doctor en Filosofía y Letras y catedrático de Lengua y Literatura española en el IES Alfonso X El Sabio de Murcia. Ha desempeñado labores de asesor de publicaciones durante una década en la Consejería de Educación de Murcia y es profesor asociado de la universidad de Murcia. Ha sido crítico literario en prensa, radio y televisión, y colabora habitualmente en la prensa regional, semanalmente en El Noroeste y cada quince días en La Verdad. En 1995 publicó El intruso, libro de cuentos que escribió con una beca-premio del Ministerio de Cultura. En 1999 apareció Fábula del tiempo, su primer libro de poemas, y Todos los días amor, un libro de cuentos que mereció el premio al mejor libro de narrativa murciano del año. En el año 2000 volvió a recibir ese mismo premio, ahora por el poemario El invierno en sus brazos. En 2002 se editó Luz para comer el pan. En 2003 salió su primera novela, Nunca olvidaré tu nombre. En 2004 apareció El lugar de la escritura. Lectura personal de autores contemporáneos. En 2005 publicó El Paraíso en viaje a la penumbra. La obra literaria de Pedro García Montalvo. En 2006 fue Director de la Feria del Libro en Murcia. En 2007 publicó el libro de relatos El secreto de las noches. En 2008, el poemario Alimentos de la tierra. En 2010 editó el libro de poemas Cita al anochecer y la novela Solo guerras perdidas. Y en 2012 apareció Años fugitivos. Crónica personal de Moratalla. Su más reciente poemario, La fatiga y los besos, obtuvo el premio Poeta Sánchez Bautista y fue editado en 2013. En 2014 editó en la Universidad de Murcia “El arte, las palabras y los días” y en la editorial Aguaclara, el libro de relatos, “Hablar durante las comidas”, entre muchos otros.
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PERMISO
Durante un verano entero salimos
cada domingo juntos por la tarde,
sin cita previa, pues aquel muchacho
que era yo en el setenta y cinco
se acercaba a la casa de ella
y se dejaba ver en la calle,
como si rondara el lugar en el que ella estaba,
como si avisara a la muchacha
de su presencia en aquel cortejo
adolescente, porque se querían,
aunque estuvieran solos,
cada cual en su casa y con sus padres,
se miraban de lejos
y sonreían porque de algún modo
la vida era fácil entonces, su único cometido
era soñar despiertos
y pensar en el otro,
estaban ten cerca en aquellos días
que habría bastado con alargar
la mano para tocarla a ella
como se acaricia a una princesa
de oro y barro, con la lujuria
de los ángeles oscuros en plena
adolescencia, aunque se esfumase
en cada noche tendida en la cama
de su dormitorio como una novia
que ha descubierto los goces del mundo
y duerme porque está muy cansada
hasta que el sol alto entre en su dormitorio y la despierte
como se despierta a una ninfa, con un beso de luz y de aire
en la mejilla que huele a colonia de la mañana,
es tan joven como el día y es rubia,
los ojos claros y la piel muy blanca,
aquella tarde ha quedado con él
en la glorieta del pueblo con agua
para el paseo de la tarde, porque es domingo
y no les duele el amor, pues se quieren
con apenas doce años y eso es un milagro
que ha de perdurar en su memoria,
aunque tengan mucha prisa y los años
se les vayan para no volver nunca
y el amor los haya encontrado pronto,
demasiado pronto, pero los haya unido
con la verdad de los días de siempre,
con un pacto de amor adolescente,
con palabras que son como el silencio
porque no suenan en la noche apenas
y solo son fogonazos de aire
que no sofocará la luz del día
y nunca borraremos del silencio.
SALUDO
Algún pacto sagrado establecimos
para siempre porque hay cosas que no olvidamos,
palabras que se quedan con nosotros
y repetimos en la noche, una vez al año
celebramos su presencia, evocamos
su música y su recuerdo está cerca,
junto a nosotros, nos acompaña, aunque
nos falte su piel y hayamos perdido
sus besos nuevos, su eterna alegría,
pasan los días veloces, se van
las estaciones y aún la recuerda aquel muchacho
como una imagen transparente, como una ninfa,
es el amor sin duda, que no pasa.
CANTO TERCERO
¡oh dichosa ventura!
De aquella infancia fresca e inocente
a esta rara madurez de las noches
compartidas con el amor de entonces,
porque somos los mismos de aquel tiempo,
hemos recuperado el entusiasmo,
incrédulos porque el prodigio asusta
y la dicha se impone como gloria
en ese amanecer del viaje lento
en el que hemos invertido una vida
y todos los sueños de un hombre solo
y de una mujer que fue feliz siempre,
a pesar de la distancia y de esa noche obsesa,
porque encontró el amor en otra parte
y aquella paz de los días iguales
y el olvido por fin colmó su vida,
aunque la noche proseguía eterna
en aquel viaje de los dos desde el primer día,
que no tuvo término, pues el cielo
no quiso darle un final adecuado,
nosotros dos y la vida, el futuro,
y si lo pienso, el corazón se llena
de la esperanza azul de tantos sueños,
que no se cumplirán nunca, aunque entonces
pudo haber sido si aquella noche
hubiese dicho las palabras justas,
pocas veces nos ayuda el azar
para elegir el camino idóneo,
andamos inseguros en la noche,
a tientas, y buscamos un claro
como buscamos la paz y el amor,
nunca es fácil el viaje que nos lleva
tan lejos y nos procura la dicha
de encontrarnos de nuevo,
ni siquiera creemos merecerlo,
pues la vida nos ha llevado por otras sendas
que no siempre deseamos,
así que durante años pensamos
en ella como en un premio que no
hemos merecido del todo, solo
necesitamos mirarla un minuto
y volver la vista al mundo, el agua de sus ojos
que me lleva a la infancia, a su cabello
dorado y a su sonrisa de luz,
pues todo está en su sitio antes de cerrar los ojos
y pretender soñar con ella, aquellos
sueños de mi infancia fueron siempre ella,
sonreía como un premio en la tarde,
pero solo yo sabía el secreto
y aún me consta que nadie descubrió el misterio
de sus pupilas ni supo el color
de su cabello suelto, porque todo
era magia y noche y dulcedumbre
en esa adolescencia del secreto,
de las manos blancas que refulgían
en lo oscuro como gemas valiosas,
pero después me encuentro, con los años
a la misma adolescente que mira
mis palabras y mis manos y atiende
mis pequeñas razones, mis poemas,
nacidos todos de aquella noche oscura y fría,
de los días en que nada estaba hecho,
porque no éramos otra cosa que trazos sueltos
en una hoja, un corazón con iniciales antes
de que se cerniera la noche entera
sobre todos nosotros para siempre
y una flecha azul surcándolo todo,
éramos dos niños en el invierno
y teníamos frío,
porque cruzar la noche sin descanso
fue penoso y fue arduo,
no supimos cuándo acabaría el camino,
aunque el amor nos ayudaba a veces
a no perder la esperanza del todo,
a no desfallecer y levantar
el ánimo en el camino de abrojos
que nos iba a conducir a la dicha,
también la dicha fue la senda arisca,
la que nos daba razones para la esperanza
y la que nos abatía a la vez,
como si ya no fuera posible que la noche
nos permitiera el encuentro
y no pudiéramos volver atrás
en este viaje de pureza y de años
que tanto está durando como la noche oscura
de una vida completa que esperamos salvar
de un modo limpio, aunque amar fue tan fácil
por aquellos años que parecía
mentira, un sueño, al cabo, en una noche
casi interminable y, sin embargo, sucedió
de este modo como lo estoy contando,
fue largo e intenso, la quise y sé que ella
me quiso, pues no pudo haber sido de otra forma,
nacimos para encontrarnos, y ser
dos niños cogidos de la mano en un jardín
de otoño y al borde del tiempo,
nos queríamos de aquella manera
sencilla con que se quieren los adolescentes
o juegan a quererse al menos, pues saben todo
del mundo y de sus quimeras y a la vez no saben
nada, como casi todos nosotros,
pues el amor es un misterio y pasa
veloz y por la noche como un ave
que se escondiera de los cazadores,
acechamos su curso, perseguimos
su estela fantasmagórica en vano,
porque solo se queda con nosotros
si le apetece verdaderamente,
por eso nos sentimos elegidos
cuando se obra el milagro
y viene la luz al alba tan lenta
después de una larga noche de vuelo
y de búsqueda y de ansia,
esa noche oscura en la que no fuimos
más que recuerdo y nostalgia, buscamos
el camino en las espesas tinieblas
como criaturas ciegas que ignoraran
lo que les deparaba aquella noche
en la que había comenzado todo
porque el amor prende cuando busca,
cuando se afana en el padecimiento
y olvida la paz pese a todo y olvida todo,
porque el amor es desmemoria y gozo
en una sola noche y a la vez,
no agradece nunca el amante besos
antiguos que recibió sin deseo,
besos inesperados, besos vacuos
que le dieron para disimular,
aunque el amor se muestra en carne viva
y es ígneo y brasa y piedra de fuego,
la noche lo ampara en su viaje de años
hacia el futuro en el que los amantes
deberán reconocerse en otoño
bajo la última lluvia del año
y el primer beso delicado, leve
como el aleteo de un gorrión, aunque
sea de noche y tengan mucho frío
y regresen a casa cogidos de la mano,
porque el atardecer es su hora
y no quieren que las sombras los pille
en el camino de vuelta,
aunque el regreso verdadero es este,
medio siglo más tarde de aquel día
y con el amor renovado que ambos
guardaron toda la noche,
esa noche oscura del primer beso
que no se dieron entonces y que hoy
guardan en su cofre de los deseos,
porque ya son una mujer y un hombre
que siempre buscan el amor del otro,
los besos nocturnos y las caricias
hondas, el futuro y comparten todo,
el pan y el vino, la verdad y el lecho,
fueron felices con la idea de estar juntos,
pero ahora están juntos de verdad
y se saben imbatibles, pues tienen
el poder de la adolescencia, la fuerza intacta
de aquellos doce años que perdieron,
aunque la memoria no se fue nunca,
no los abandonó en el invierno
del oscuro viaje y de la noche
y mantuvieron los dos un feliz soplo,
un impulso de vida y de esperanza
casi adolescente y puro, invisible
y bueno y permanente,
aunque ignoraran los años,
pero los años contaron con ellos
para que el tiempo no olvidara el alma
del idilio y permitiera celebrar el paso
de los numerosos días de duelo
que afligieron su existencia
y mantuviera la emoción primera,
por eso fue un milagro
que el tiempo permitió
hasta que tornaron a verse años
más tarde y regresó el amor de entonces
a su cobijo primero con temple
de amor maduro, aunque de amor primero,
pues ninguno de ellos cabía en sí
de alegría y satisfecho del todo,
aunque ya rebasaban los sesenta,
apenas eran unos adolescentes tiernos,
ensimismados en el amor primero
y dulces como cachorros, no saben
qué les ha pasado de nuevo,
cómo ha regresado el amor aquel
para herirles en lo más tierno de cualquier noche
en la que habían permanecido tantos años,
una vida entera, ajenos al amor del otro,
porque vivieron pendientes de ellos
y apenas miraron al amado, era una sombra
en alguna parte del camino doloroso,
una imagen lejana, desvaída,
aunque el rostro de la amada era bello,
del modo aquel que no se olvida nunca,
ella era rubia y sus ojos verdes,
transparentes de agua como el cielo
y su voz de campana sonaba cada noche
en los sueños del hombre, sobre todo,
aunque él pensó que alguna vez también
se acordaría ella de sus ojos oscuros
y sonrió sin causa al cielo de invierno,
pues había estado siempre solo
y estaba hecho a la melancolía
de las tardes de enero,
al sufrimiento tenaz del verano
y a las noches sin ella, a la espera
de tantos días encerrado y solo,
por eso pensó en esa noche oscura,
en la noche de la espera que nunca
amanece, en el mar que no está al alba,
aunque el deseo lo imagine cerca,
pensó tantas veces en ella que la creó
en su cabeza adolescente de hombre
enamorado, se equivocó caso
como se había equivocado tantas
veces antes con mucha gente, pero
quiso que esta vez saliera bien todo,
porque lo necesitaba, era un sueño
y los dos creían en ciertos sueños
y, sobre todo, eran muy felices,
así que consumieron muy despacio
el instante y dejaron que la vida
se quedara con ellos para siempre.
Parecía sencillo ser felices,
Dejarse ir tan solo, no protestar
Y permitir que la vida fluyera
Al ritmo lento de la dicha buena,
Porque por aquellos días todo era
De esta forma, luminoso y real
Y verdadero y la vida de ellos
Era un río que los llevaba lejos,
Otra vez al páramo del destino,
Aunque ahora estaban juntos de veras
Y se querían para siempre, era
Todo distinto y eran felices,
Aunque les daba miedo la palabra,
Pues significaba mucho y era muy grande,
Pero cada mañana, sin embargo,
Llegaba el sol a la cortina abierta
Y sonreía, y él estaba conforme entonces,
No pedía nada, salvo un poco de tiempo
Para disfrutarlo todo el amor,
Aquella suerte que habíamos tenido tantos años
Después, ya de mayores,
Pero sin renunciar a nada, porque
Nos había caído el regalo de aquel tiempo
Mágico de la adolescencia, amor
A manos llenas, limpio como la lluvia fresca
De marzo y no sabíamos aún
Lo que era aquello, qué nos deparaba
La semana siguiente, la sonrisa
Del otro, sus manos tímidas, aunque
Nos sobraba la pasión por el otro
Y cada día estábamos al borde
De la tragedia y del entusiasmo,
Pues aquellos años eran tan nuestros
Como el verano que ardía en el campo.
CANTO CUARTO
salí sin ser notada,
Habíamos salido de la noche,
Cada cual de su noche
Para encontrarnos en aquel paseo
De nuestros doce años,
De niños enamorados
Que iban hacia lo oscuro
E ignoraban que no podrían hallar la luz
Durante muchos años,
Quizás porque la llevaban muy dentro
Y ellos eran la luz de aquel verano
En que empezó todo, la noche oscura
Y un tiempo de espera interminable,
Un viaje hacia el amor adolescente,
Todos los errores que el otro día
Iba a depararle, sobre todo a él,
Que lo esperaba una existencia dura,
Donde el trabajo y las penalidades
No habrían de faltar nunca, pues a cada uno
el destino le tiene preparado
su propio amanecer, su epifanía.
Nada saben los pequeños amantes
De lo que pasará al otro día,
Aunque el otoño aquel es peligroso,
Será un octubre frío y con lluvia
Para el muchacho que anda en trabajos
De la tierra en tierras extrañas, supo
Del frío y de la fatiga muy joven
en aquellos meses de Francia y de vendimia
y soñó con ella cada noche refugiado
en su imagen que era memoria cálida
del amor primero que ya tenían,
aunque fuese un secreto (80)
que aquel hombre guardaría para él
como un tesoro o una fe divina,
y en eso consistía la noche,
en soportar la ausencia del amor
que habían creado ambos para su gozo.
Tal vez esperaban el día justo,
La llamada que los reuniría
En aquel jardín de su adolescencia
Y, como algunos sueños se cumplen,
Se vieron al fin, pasados los años,
Se miraron a la cara y se hallaron
De la forma más sencilla, dentro
Del otro como en un claro espejo,
En el corazón del recuerdo, quieto
Como una imagen del pasado atento.
Estaban juntos y eran otra vez
Los mismos y cargados de ternura,
Como si los años los devolvieran
a aquellos domingos del principio,
con frío y con sol, inocentes, lleva
ella el pelo suelto y media melena
el muchacho de ojos grandes y oscuros,
tienen miedo porque se aman, aunque
el otoño les tenga reservado
un desencuentro imprevisto, un final
tan doloroso como una muerte súbita.
No verían el invierno en su tierra
Aquel año porque no estarían
Juntos, se truncaría el amor bello
Y eterno, cesó la noche oscura,
Se miraron las caras y el amor
Prendió de nuevo de sus labios adolescentes,
Pero ya eran mayores y el tiempo
Había mejorado los recuerdos,
Había amanecido y de la noche
Quedaba solo la memoria clara,
Aunque el nuevo día era la promesa
De la constancia firme y del abrazo,
Por eso la esperanza los acompañaba
En este nuevo viaje por la luz.
El futuro lo quiero ahora cerca de ella,
Dormido a su lado y en el amor
Sumergidos como criaturas libres
del profundo mar para repetir
los años que se nos fueron en vano,
pero aún nos queda tanto tiempo juntos
que ya no podíamos dejar de ser felices,
por eso le preguntaba a menudo,
¿Me amas de verdad? ¿Estás conmigo?
Y ella volvía la cara y contestaba sí,
Nunca pensé que fuera de este modo,
Que todo regresara a su principio.
CODA
Ahora, en estos días el final
Nos encuentra de nuevo adormilados,
Adolescentes turbios y sensibles
Aunque ya nos llega el ocaso, el sol
Cae en la tarde y acaecen sombras,
Amenazas y noche, como viene
Pasando desde antiguo, pues la edad
Dicta los nuevos cambios
Y nos obliga a amarnos de otro modo,
Con delicadeza extrema, con sexo
De otro mundo y de otro tiempo,
Como animales perdidos en el espacio,
Porque somos criaturas de la noche
Y en ella nos reconocemos siempre,
En esa noche oscura del amor
Primero, en el origen del mundo,
Somos seres del pasado y volvemos
En ocasiones a esos años como
Se vuelve al paraíso,
Ahora que no tememos a nadie,
Que somos libres y salimos tarde
A la plaza, si queremos, al baile,
Porque miramos a los otros, pero
también bailamos muy juntos
pegadas las almas y la piel cerca
del cielo y del sueño.
Nos miramos para saber que somos
tú y yo, los de entonces, los de siempre,
mientras suena la música y bailamos.
Y seguiremos así mientras dure
la luz de la mañana y las tinieblas
de la noche hasta el alba,
hemos vuelto a vernos en el milagro
de este presente cálido y bellísimo
y yo creo que ya nada
impedirá el amor que nos sostiene,
pues la noche pasó, la noche oscura
y ya estamos el uno con el otro,
porque hemos regresado a la infancia
en ese viaje mágico que te regalan los años
y somos uno sin excusa alguna
que disfruta de los bienes del mundo
en calma porque ha llegado al puerto
y descansa de una fatiga grande
de años y soledades y noches,
aunque se encuentre solo y tenga hambre
algunas veces, pero ya es tarde
y está de día por fortuna y juntos
nos queremos para siempre, tan juntos
como fundidos en un solo ser
e iluminados para el mañana,
porque este amor ha contenido el aire
toda una larga noche y respira futuro,
brisa del río, árbol claro y junco;
seguiremos detrás de la señal
del día, aunque haya amanecido claro
del todo y para siempre, tú y yo mano a mano,
enamorados y juntos, camino
del mañana quieto donde estaremos
de nuevo a merced del alba y del cielo
como un milagro del tiempo, no es tarde
para creer en las palabras del otro
y hallar otra vez el amor que nutre
nuestras antiguas lágrimas de luz
que derramábamos adolescentes,
porque entonces ignorábamos todo,
el origen, el camino, el encuentro
y ahora somos una misma materia
y nos queremos bajo la luz clara,
que inunda el día y nos despierta pronto
pues pertenecemos al universo.
Hemos terminado el viaje y no vamos
a irnos ya a ninguna otra parte,
nos quedamos porque nos hemos visto,
nos hemos encontrado sin buscarnos
o tal vez nos buscábamos entonces
y no lo sabíamos, así es esto
del amor y de la vida, sabemos
que no es sencilla otra oportunidad
pero el que ama no conoce el camino,
sube al monte en la noche, busca abrazo,
pierde el rumbo y observa las estrellas,
porque el único camino es ese,
los besos que no hemos podido darnos,
los besos que malgastamos y no
daremos nunca nos duelen también
y alguna vez también los pagaremos,
pues son los besos excluidos, llenan
nuestra memoria de pura alegría
y nos resarcen de esta pobreza humilde
que nos acucia y ocupa las horas,
somos la memoria del amor, somos
el recuerdo y la vida y la ausencia
y ya no podrán separarnos nunca,
al menos mientras estemos el uno
junto al otro como lo está una esposa
con su esposo al final de esa primera
noche en la que son una misma carne,
esa noche después de la noche del principio,
de la noche primera, donde todo
se hizo misterio, tiniebla, salobre
y nacimos a la nueva jornada,
al día festivo en que nos amamos
sin miedo como si hubiéramos hecho
la tierra para nosotros, pequeña
y cómoda y dulce, de una vez
para siempre, un hogar, al fin y al cabo,
de donde partió lo nuestro y a donde
regresará el amor que hemos traído
con nosotros y nos colma, palpita
aún vivo, es nuestra enseña, resurge
en nuestros ojos y brilla en la piel
porque nos tuvo con él cada día,
lo soñé en la noche y me despertó
cada mañana como te despierta
una mascota, un perro leal
que mueve el rabo y te sigue por casa
a todas partes, no va a separarnos
nadie porque estamos hechos del mismo
deleite y nos une la tierra, el cielo
y nuestras palabras comunes, somos
el pasado y el origen, tenemos
un futuro común y a él vamos
juntos de nuevo, aunque sea de día
y a cara descubierta pues también
el viaje entraña su verdad primera,
no somos los mismos, pero amamos
todavía la fragancia del otro.
Es un misterio, lo sé, pero nos pertenece,
Pues impusimos la leyenda y somos
Los que de siempre nos hemos amado
Como se aman dos adolescentes,
Con lágrimas y risas y palabras,
Recién venidos de la infancia, absortos
Como criaturas sutiles que saltan,
respiran y se enamoran, mas nunca
doblegan su alma a la traición del día,
al ocaso, que llaman
crepúsculo los poetas en sus versos
y que solo es el comienzo de un túnel.
No quiero otra noche contigo,
Porque ya no deseo estar solo,
no escuchar tu voz ni tenerte cada noche a mi lado
como una muerte prematura
y saberte lejos y distanciada,
como si hubieses dejado de ser
y ya no fueras otra cosa, sino
delicia, fruta, luz del alba, ansia.
Porque quizás no deba repetirse
de igual modo el amor para guardar
la esencia de lo bello y el milagro
de palabras que no han de repetirse
porque solo fueron dichas una vez y nadie
las conoce a la luz del día, como
se conocen siempre las cosas grandes,
con el orgullo de enseñarlas fuera
para que todo el mundo las vea,
porque el amor no tiene enmienda, tiene
razón de ser, castigo, estrella, y nos pertenece,
queremos que lo sepan todos, esos
que nos miran desde las ventanas, todos esos
que no amaron bastante y no saben
tampoco cómo hacerlo bien, despacio
y en voz muy baja, como deben ser
las cosas templadas del corazón,
aunque el corazón conoce lo suyo
y sabe esperar una vida entera,
una noche perpetua que parece
no acabarse nunca porque no llega
el alba blanca y el amor rosado,
la mañana viva y la fiesta eterna.
A veces oigo gritos de algazara
Como si un pequeño grupo de jóvenes
Nos alentara, y las estrellas brillan
Como diamantes de la noche negra,
Abrimos los grifos y las puertas de las casas
Y salimos al amor del cielo que nos cubre
Como un techo iluminado, temible
Al que no nos atrevimos nunca a dirigirnos
Porque estaba demasiado alto,
Demasiado negro y nos daba miedo,
Reconozco que nos daba miedo, aunque ignoramos
La razón última de tanto miedo.
De manera que espero el alba, espero
Su belleza y su consuelo ahora
Que ya estamos juntos y no importa
Que anochezca cada día, si tú
Sigues a mi lado y nos amanece
Juntos, porque ya ha pasado todo
FINAL
Hemos venido aquí para nacer
al amor interrumpido, al dolor
que he llevado a cuestas
y soy muy feliz por estar contigo,
porque nunca imaginé que hiciéramos el viaje
y llegáramos hasta el día de hoy,
trece del seis de dosmilveinticinco.
