BAQUIANA – Año XXVII / Nº 139 – 140 / Julio – Diciembre 2026 (Poesía IV)

FOTO SECCIÓN POETICA

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PASCUAL GARCÍA 

Nació en Moratalla, Comunidad de Murcia, España (1962). Es doctor en Filosofía y Letras y catedrático de Lengua y Literatura española en el IES Alfonso X El Sa­bio de Murcia. Ha desempeñado labores de asesor de publica­ciones durante una década en la Consejería de Educación de Murcia y es profesor asociado de la universidad de Murcia. Ha sido crítico literario en prensa, radio y televisión, y colabora habitualmente en la prensa regional, semanalmente en El No­roeste y cada quince días en La Verdad. En 1995 publicó El intruso, libro de cuentos que escribió con una beca-premio del Ministerio de Cultura. En 1999 apareció Fábula del tiempo, su primer libro de poe­mas, y Todos los días amor, un libro de cuentos que mereció el premio al mejor libro de narrativa murciano del año. En el año 2000 volvió a recibir ese mismo premio, ahora por el poemario El invierno en sus brazos. En 2002 se editó Luz para comer el pan. En 2003 salió su primera novela, Nunca olvidaré tu nombre. En 2004 apareció El lugar de la escritura. Lectura personal de autores contemporáneos. En 2005 publicó El Paraíso en viaje a la penumbra. La obra literaria de Pedro García Montalvo. En 2006 fue Director de la Feria del Libro en Murcia. En 2007 publicó el libro de relatos El secreto de las noches. En 2008, el poemario Alimentos de la tierra. En 2010 editó el libro de poemas Cita al anochecer y la novela Solo guerras perdidas. Y en 2012 apareció Años fugitivos. Crónica personal de Mora­talla. Su más reciente poemario, La fatiga y los besos, obtuvo el premio Poeta Sánchez Bautista y fue editado en 2013. En 2014 editó en la Universidad de Murcia “El arte, las palabras y los días” y en la editorial Aguaclara, el libro de relatos, “Hablar durante las comidas”, entre muchos otros.

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PERMISO

Durante un verano entero salimos

cada domingo juntos por la tarde,

sin cita previa, pues aquel muchacho

que era yo en el setenta y cinco

se acercaba a la casa de ella

y se dejaba ver en la calle,

como si rondara el lugar en el que ella estaba,

como si avisara a la muchacha

de su presencia en aquel cortejo

adolescente, porque se querían,

aunque estuvieran solos,

cada cual en su casa y con sus padres,

se miraban de lejos

y sonreían porque de algún modo

la vida era fácil entonces, su único cometido

era soñar despiertos

y pensar en el otro,

estaban ten cerca en aquellos días

que habría bastado con alargar

la mano para tocarla a ella

como se acaricia a una princesa

de oro y barro, con la lujuria

de los ángeles oscuros en plena

adolescencia, aunque se esfumase

en cada noche tendida en la cama

de su dormitorio como una novia

que ha descubierto los goces del mundo

y duerme porque está muy cansada

hasta que el sol alto entre en su dormitorio y la despierte

como se despierta a una ninfa, con un beso de luz y de aire

en la mejilla que huele a colonia de la mañana,

es tan joven como el día y es rubia,

los ojos claros y la piel muy blanca,

aquella tarde ha quedado con él

en la glorieta del pueblo con agua

para el paseo de la tarde, porque es domingo

y no les duele el amor, pues se quieren

con apenas doce años y eso es un milagro

que ha de perdurar en su memoria,

aunque tengan mucha prisa y los años

se les vayan para no volver nunca

y el amor los haya encontrado pronto,

demasiado pronto, pero los haya unido

con la verdad de los días de siempre,

con un pacto de amor adolescente,

con palabras que son como el silencio

porque no suenan en la noche apenas

y solo son fogonazos de aire

que no sofocará la luz del día

y nunca borraremos del silencio.

 

 

SALUDO

Algún pacto sagrado establecimos

para siempre porque hay cosas que no olvidamos,

palabras que se quedan con nosotros

y repetimos en la noche, una vez al año

celebramos su presencia, evocamos

su música y su recuerdo está cerca,

junto a nosotros, nos acompaña, aunque

nos falte su piel y hayamos perdido

sus besos nuevos, su eterna alegría,

pasan los días veloces, se van

las estaciones y aún la recuerda aquel muchacho

como una imagen transparente, como una ninfa,

es el amor sin duda, que no pasa.

 

 

CANTO TERCERO

¡oh dichosa ventura!

De aquella infancia fresca e inocente

a esta rara madurez de las noches

compartidas con el amor de entonces,

porque somos los mismos de aquel tiempo,

hemos recuperado el entusiasmo,

incrédulos porque el prodigio asusta

y la dicha se impone como gloria

en ese amanecer del viaje lento

en el que hemos invertido una vida

y todos los sueños de un hombre solo

y de una mujer que fue feliz siempre,

a pesar de la distancia y de esa noche obsesa,

porque encontró el amor en otra parte

y aquella paz de los días iguales

y el olvido por fin colmó su vida,

aunque la noche proseguía eterna

en aquel viaje de los dos desde el primer día,

que no tuvo término, pues el cielo

no quiso darle un final adecuado,

nosotros dos y la vida, el futuro,

y si lo pienso, el corazón se llena

de la esperanza azul de tantos sueños,

que no se cumplirán nunca, aunque entonces

pudo haber sido si aquella noche

hubiese dicho las palabras justas,

pocas veces nos ayuda el azar

para elegir el camino idóneo,

andamos inseguros en la noche,

a tientas, y buscamos un claro

como buscamos la paz y el amor,

nunca es fácil el viaje que nos lleva

tan lejos y nos procura la dicha

de encontrarnos de nuevo,

ni siquiera creemos merecerlo,

pues la vida nos ha llevado por otras sendas

que no siempre deseamos,

así que durante años pensamos

en ella como en un premio que no

hemos merecido del todo, solo

necesitamos mirarla un minuto

y volver la vista al mundo, el agua de sus ojos

que me lleva a la infancia, a su cabello

dorado y a su sonrisa de luz,

pues todo está en su sitio antes de cerrar los ojos

y pretender soñar con ella, aquellos

sueños de mi infancia fueron siempre ella,

sonreía como un premio en la tarde,

pero solo yo sabía el secreto

y aún me consta que nadie descubrió el misterio

de sus pupilas ni supo el color

de su cabello suelto, porque todo

era magia y noche y dulcedumbre

en esa adolescencia del secreto,

de las manos blancas que refulgían

en lo oscuro como gemas valiosas,

pero después me encuentro, con los años

a la misma adolescente que mira

mis palabras y mis manos y atiende

mis pequeñas razones, mis poemas,

nacidos todos de aquella noche oscura y fría,

de los días en que nada estaba hecho,

porque no éramos otra cosa que trazos sueltos

en una hoja, un corazón con iniciales antes

de que se cerniera la noche entera

sobre todos nosotros para siempre

y una flecha azul surcándolo todo,

éramos dos niños en el invierno

y teníamos frío,

porque cruzar la noche sin descanso

fue penoso y fue arduo,

no supimos cuándo acabaría el camino,

aunque el amor nos ayudaba a veces

a no perder la esperanza del todo,

a no desfallecer y levantar

el ánimo en el camino de abrojos

que nos iba a conducir a la dicha,

también la dicha fue la senda arisca,

la que nos daba razones para la esperanza

y la que nos abatía a la vez,

como si ya no fuera posible que la noche

nos permitiera el encuentro

y no pudiéramos volver atrás

en este viaje de pureza y de años

que tanto está durando como la noche oscura

de una vida completa que esperamos salvar

de un modo limpio, aunque amar fue tan fácil

por aquellos años que parecía

mentira, un sueño, al cabo, en una noche

casi interminable y, sin embargo, sucedió

de este modo como lo estoy contando,

fue largo e intenso, la quise y sé que ella

me quiso, pues no pudo haber sido de otra forma,

nacimos para encontrarnos, y ser

dos niños cogidos de la mano en un jardín

de otoño y al borde del tiempo,

nos queríamos de aquella manera

sencilla con que se quieren los adolescentes

o juegan a quererse al menos, pues saben todo

del mundo y de sus quimeras y a la vez no saben

nada, como casi todos nosotros,

pues el amor es un misterio y pasa

veloz y por la noche como un ave

que se escondiera de los cazadores,

acechamos su curso, perseguimos

su estela fantasmagórica en vano,

porque solo se queda con nosotros

si le apetece verdaderamente,

por eso nos sentimos elegidos

cuando se obra el milagro

y viene la luz al alba tan lenta

después de una larga noche de vuelo

y de búsqueda y de ansia,

esa noche oscura en la que no fuimos

más que recuerdo y nostalgia, buscamos

el camino en las espesas tinieblas

como criaturas ciegas que ignoraran

lo que les deparaba aquella noche

en la que había comenzado todo

porque el amor prende cuando busca,

cuando se afana en el padecimiento

y olvida la paz pese a todo y olvida todo,

porque el amor es desmemoria y gozo

en una sola noche y a la vez,

no agradece nunca el amante besos

antiguos que recibió sin deseo,

besos inesperados, besos vacuos

que le dieron para disimular,

aunque el amor se muestra en carne viva

y es ígneo y brasa y piedra de fuego,

la noche lo ampara en su viaje de años

hacia el futuro en el que los amantes

deberán reconocerse en otoño

bajo la última lluvia del año

y el primer beso delicado, leve

como el aleteo de un gorrión, aunque

sea de noche y tengan mucho frío

y regresen a casa cogidos de la mano,

porque el atardecer es su hora

y no quieren que las sombras los pille

en el camino de vuelta,

aunque el regreso verdadero es este,

medio siglo más tarde de aquel día

y con el amor renovado que ambos

guardaron toda la noche,

esa noche oscura del primer beso

que no se dieron entonces y que hoy

guardan en su cofre de los deseos,

porque ya son una mujer y un hombre

que siempre buscan el amor del otro,

los besos nocturnos y las caricias

hondas, el futuro y comparten todo,

el pan y el vino, la verdad y el lecho,

fueron felices con la idea de estar juntos,

pero ahora están juntos de verdad

y se saben imbatibles, pues tienen

el poder de la adolescencia, la fuerza intacta

de aquellos doce años que perdieron,

aunque la memoria no se fue nunca,

no los abandonó en el invierno

del oscuro viaje y de la noche

y mantuvieron los dos un feliz soplo,

un impulso de vida y de esperanza

casi adolescente y puro, invisible

y bueno y permanente,

aunque ignoraran los años,

pero los años contaron con ellos

para que el tiempo no olvidara el alma

del idilio y permitiera celebrar el paso

de los numerosos días de duelo

que afligieron su existencia

y mantuviera la emoción primera,

por eso fue un milagro

que el tiempo permitió

hasta que tornaron a verse años

más tarde y regresó el amor de entonces

a su cobijo primero con temple

de amor maduro, aunque de amor primero,

pues ninguno de ellos cabía en sí

de alegría y satisfecho del todo,

aunque ya rebasaban los sesenta,

apenas eran unos adolescentes tiernos,

ensimismados en el amor primero

y dulces como cachorros, no saben

qué les ha pasado de nuevo,

cómo ha regresado el amor aquel

para herirles en lo más tierno de cualquier noche

en la que habían permanecido tantos años,

una vida entera, ajenos al amor del otro,

porque vivieron pendientes de ellos

y apenas miraron al amado, era una sombra

en alguna parte del camino doloroso,

una imagen lejana, desvaída,

aunque el rostro de la amada era bello,

del modo aquel que no se olvida nunca,

ella era rubia y sus ojos verdes,

transparentes de agua como el cielo

y su voz de campana sonaba cada noche

en los sueños del hombre, sobre todo,

aunque él pensó que alguna vez también

se acordaría ella de sus ojos oscuros

y sonrió sin causa al cielo de invierno,

pues había estado siempre solo

y estaba hecho a la melancolía

de las tardes de enero,

al sufrimiento tenaz del verano

y a las noches sin ella, a la espera

de tantos días encerrado y solo,

por eso pensó en esa noche oscura,

en la noche de la espera que nunca

amanece, en el mar que no está al alba,

aunque el deseo lo imagine cerca,

pensó tantas veces en ella que la creó

en su cabeza adolescente de hombre

enamorado, se equivocó caso

como se había equivocado tantas

veces antes con mucha gente, pero

quiso que esta vez saliera bien todo,

porque lo necesitaba, era un sueño

y los dos creían en ciertos sueños

y, sobre todo, eran muy felices,

así que consumieron muy despacio

el instante y dejaron que la vida

se quedara con ellos para siempre.

Parecía sencillo ser felices,

Dejarse ir tan solo, no protestar

Y permitir que la vida fluyera

Al ritmo lento de la dicha buena,

Porque por aquellos días todo era

De esta forma, luminoso y real

Y verdadero y la vida de ellos

Era un río que los llevaba lejos,

Otra vez al páramo del destino,

Aunque ahora estaban juntos de veras

Y se querían para siempre, era

Todo distinto y eran felices,

Aunque les daba miedo la palabra,

Pues significaba mucho y era muy grande,

Pero cada mañana, sin embargo,

Llegaba el sol a la cortina abierta

Y sonreía, y él estaba conforme entonces,

No pedía nada, salvo un poco de tiempo

Para disfrutarlo todo el amor,

Aquella suerte que habíamos tenido tantos años

Después, ya de mayores,

Pero sin renunciar a nada, porque

Nos había caído el regalo de aquel tiempo

Mágico de la adolescencia, amor

A manos llenas, limpio como la lluvia fresca

De marzo y no sabíamos aún

Lo que era aquello, qué nos deparaba

La semana siguiente, la sonrisa

Del otro, sus manos tímidas, aunque

Nos sobraba la pasión por el otro

Y cada día estábamos al borde

De la tragedia y del entusiasmo,

Pues aquellos años eran tan nuestros

Como el verano que ardía en el campo.

 

CANTO CUARTO

salí sin ser notada,

 

Habíamos salido de la noche,

Cada cual de su noche

Para encontrarnos en aquel paseo

De nuestros doce años,

De niños enamorados

Que iban hacia lo oscuro

E ignoraban que no podrían hallar la luz

Durante muchos años,

Quizás porque la llevaban muy dentro

Y ellos eran la luz de aquel verano

En que empezó todo, la noche oscura

Y un tiempo de espera interminable,

Un viaje hacia el amor adolescente,

Todos los errores que el otro día

Iba a depararle, sobre todo a él,

Que lo esperaba una existencia dura,

Donde el trabajo y las penalidades

No habrían de faltar nunca, pues a cada uno

el destino le tiene preparado

su propio amanecer, su epifanía.

Nada saben los pequeños amantes

De lo que pasará al otro día,

Aunque el otoño aquel es peligroso,

Será un octubre frío y con lluvia

Para el muchacho que anda en trabajos

De la tierra en tierras extrañas, supo

Del frío y de la fatiga muy joven

en aquellos meses de Francia y de vendimia

y soñó con ella cada noche refugiado

en su imagen que era memoria cálida

del amor primero que ya tenían,

aunque fuese un secreto (80)

que aquel hombre guardaría para él

como un  tesoro o una fe divina,

y en eso consistía la noche,

en soportar la ausencia del amor

que habían creado ambos para su gozo.

Tal vez esperaban el día justo,

La llamada que los reuniría

En aquel jardín de su adolescencia

Y, como algunos sueños se cumplen,

Se vieron al fin, pasados los años,

Se miraron a la cara y se hallaron

De la forma más sencilla, dentro

Del otro como en un claro espejo,

En el corazón del recuerdo, quieto

Como una imagen del pasado atento.

Estaban juntos y eran otra vez

Los mismos y cargados de ternura,

Como si los años los devolvieran

a aquellos domingos del principio,

con frío y con sol, inocentes, lleva

ella el pelo suelto y media melena

el muchacho de ojos grandes y oscuros,

tienen miedo porque se aman, aunque

el otoño les tenga reservado

un desencuentro imprevisto, un final

tan doloroso como una muerte súbita.

No verían el invierno en su tierra

Aquel año porque no estarían

Juntos, se truncaría el amor bello

Y eterno, cesó la noche oscura,

Se miraron las caras y el amor

Prendió de nuevo de sus labios adolescentes,

Pero ya eran mayores y el tiempo

Había mejorado los recuerdos,

Había amanecido y de la noche

Quedaba solo la memoria clara,

Aunque el nuevo día era la promesa

De la constancia firme y del abrazo,

Por eso la esperanza los acompañaba

En este nuevo viaje por la luz.

 

El futuro lo quiero ahora cerca de ella,

Dormido a su lado y en el amor

Sumergidos como criaturas libres

del profundo mar para repetir

los años que se nos fueron en vano,

pero  aún nos queda tanto tiempo juntos

que ya no podíamos dejar de ser felices,

por eso le preguntaba a menudo,

¿Me amas de verdad? ¿Estás conmigo?

Y ella volvía la cara y contestaba sí,

Nunca pensé que fuera de este modo,

Que todo regresara a su principio.

 

CODA

Ahora, en estos días el final

Nos encuentra de nuevo adormilados,

Adolescentes turbios y sensibles

 

Aunque ya nos llega el ocaso, el sol

Cae en la tarde y acaecen sombras,

Amenazas y noche, como viene

Pasando desde antiguo, pues la edad

Dicta los nuevos cambios

Y nos obliga a amarnos de otro modo,

Con delicadeza extrema, con sexo

De otro mundo y de otro tiempo,

Como animales perdidos en el espacio,

Porque somos criaturas de la noche

Y en ella nos reconocemos siempre,

En esa noche oscura del amor

Primero, en el origen del mundo,

Somos seres del pasado y volvemos

En ocasiones a esos años como

Se vuelve al paraíso,

Ahora que no tememos a nadie,

Que somos libres y salimos tarde

A la plaza, si queremos, al baile,

Porque miramos a los otros, pero

también bailamos muy juntos

pegadas las almas y la piel cerca

del cielo y del sueño.

Nos miramos para saber que somos

tú y yo, los de entonces, los de siempre,

mientras suena la música y bailamos.

Y seguiremos así mientras dure

la luz de la mañana y las tinieblas

de la noche hasta el alba,

hemos vuelto a vernos en el milagro

de este presente cálido y bellísimo

y yo creo que ya nada

impedirá el amor que nos sostiene,

pues la noche pasó, la noche oscura

y ya estamos el uno con el otro,

porque hemos regresado a la infancia

en ese viaje mágico que te regalan los años

y somos uno sin excusa alguna

que disfruta de los bienes del mundo

en calma porque ha llegado al puerto

y descansa de una fatiga grande

de años y soledades y noches,

aunque se encuentre solo y tenga hambre

algunas veces, pero ya es tarde

y está de día por fortuna y juntos

nos queremos para siempre, tan juntos

como fundidos en un solo ser

e iluminados para el mañana,

porque este amor ha contenido el aire

toda una larga noche y respira futuro,

brisa del río, árbol claro y junco;

seguiremos detrás de la señal

del día, aunque haya amanecido claro

del todo y para siempre, tú y yo mano a mano,

enamorados y juntos, camino

del mañana quieto donde estaremos

de nuevo a merced del alba y del cielo

como un milagro del tiempo, no es tarde

para creer en las palabras del otro

y hallar otra vez el amor que nutre

nuestras antiguas lágrimas de luz

que derramábamos adolescentes,

porque entonces ignorábamos todo,

el origen, el camino, el encuentro

y ahora somos una misma materia

y nos queremos bajo la luz clara,

que inunda el día y nos despierta pronto

pues pertenecemos al universo.

Hemos terminado el viaje y no vamos

a irnos ya a ninguna otra parte,

nos quedamos porque nos hemos visto,

nos hemos encontrado sin buscarnos

o tal vez nos buscábamos entonces

y no lo sabíamos, así es esto

del amor y de la vida, sabemos

que no es sencilla otra oportunidad

pero el que ama no conoce el camino,

sube al monte en la noche, busca abrazo,

pierde el rumbo y observa las estrellas,

porque el único camino es ese,

los besos que no hemos podido darnos,

los besos que malgastamos y no

daremos nunca nos duelen también

y alguna vez también los pagaremos,

pues son los besos excluidos, llenan

nuestra memoria de pura alegría

y nos resarcen de esta pobreza humilde

que nos acucia y ocupa las horas,

somos la memoria del amor, somos

el recuerdo y la vida y la ausencia

y ya no podrán separarnos nunca,

al menos mientras estemos el uno

junto al otro como lo está una esposa

con su esposo al final de esa primera

noche en la que son una misma carne,

esa noche después de la noche del principio,

de la noche primera, donde todo

se hizo misterio, tiniebla, salobre

y nacimos a la nueva jornada,

al día festivo en que nos amamos

sin miedo como si hubiéramos hecho

la tierra para nosotros, pequeña

y cómoda y dulce, de una vez

para siempre, un hogar, al fin y al cabo,

de donde partió lo nuestro y a donde

regresará el amor que hemos traído

con nosotros y nos colma, palpita

aún vivo, es nuestra enseña, resurge

en nuestros ojos y brilla en la piel

porque nos tuvo con él cada día,

lo soñé en la noche y me despertó

cada mañana como te despierta

una mascota, un perro leal

que mueve el rabo y te sigue por casa

a todas partes, no va a separarnos

nadie porque estamos hechos del mismo

deleite y nos une la tierra, el cielo

y nuestras palabras comunes, somos

el pasado y el origen, tenemos

un futuro común y a él vamos

juntos de nuevo, aunque sea de día

y a cara descubierta pues también

el viaje entraña su verdad primera,

no somos los mismos, pero amamos

todavía la fragancia del otro.

Es un misterio, lo sé, pero nos pertenece,

Pues impusimos la leyenda y somos

Los que de siempre nos hemos amado

Como se aman dos adolescentes,

Con lágrimas y risas y palabras,

Recién venidos de la infancia, absortos

Como criaturas sutiles que saltan,

respiran y se enamoran, mas nunca

doblegan su alma a la traición del día,

al ocaso, que llaman

crepúsculo los poetas en sus versos

y que solo es el comienzo de un túnel.

No quiero otra noche contigo,

Porque ya no deseo estar solo,

no escuchar tu voz ni tenerte cada noche a mi lado

como una muerte prematura

y saberte lejos y distanciada,

como si hubieses dejado de ser

y ya no fueras otra cosa, sino

delicia, fruta, luz del alba, ansia.

Porque quizás no deba repetirse

de igual modo el amor para guardar

la esencia de lo bello y el milagro

de palabras que no han de repetirse

porque solo fueron dichas una vez y nadie

las conoce a la luz del día, como

se conocen siempre las cosas grandes,

con el orgullo de enseñarlas fuera

para que todo el mundo las vea,

porque el amor no tiene enmienda, tiene

razón de ser, castigo, estrella, y nos pertenece,

queremos que lo sepan todos, esos

que nos miran desde las ventanas, todos esos

que no amaron bastante y no saben

tampoco cómo hacerlo bien, despacio

y en voz muy baja, como deben ser

las cosas templadas del corazón,

aunque el corazón conoce lo suyo

y sabe esperar una vida entera,

una noche perpetua que parece

no acabarse nunca porque no llega

el alba blanca y el amor rosado,

la mañana viva y la fiesta eterna.

A veces oigo gritos de algazara

Como si un pequeño grupo de jóvenes

Nos alentara, y las estrellas brillan

Como diamantes de la noche negra,

Abrimos los grifos y las puertas de las casas

Y salimos al amor del cielo que nos cubre

Como un techo iluminado, temible

Al que no nos atrevimos nunca a dirigirnos

Porque estaba demasiado alto,

Demasiado negro y nos daba miedo,

Reconozco que nos daba miedo, aunque ignoramos

La razón última de tanto miedo.

De manera que espero el alba, espero

Su belleza y su consuelo ahora

Que ya estamos juntos y no importa

Que anochezca cada día, si tú

Sigues a mi lado y nos amanece

Juntos, porque ya ha pasado todo

 

 

FINAL

Hemos venido aquí para nacer

al amor interrumpido, al dolor

que he llevado a cuestas

y soy muy feliz por estar contigo,

porque nunca imaginé que hiciéramos el viaje

y llegáramos hasta el día de hoy,

trece del seis de dosmilveinticinco.