LA FLORIDA HISPANA Y LOS TEXTOS VIRREINALES PERUANOS
Prefacio (Raquel Chang Rodríguez rev. 8/14/2026)
Desde mediados del siglo XVI La Florida fue un vasto territorio marcado por el conflicto y el compromiso entre potencias europeas, administradores coloniales, representantes de órdenes religiosas y diferentes etnias indígenas. Muy diferente al actual estado de idéntico nombre –y por ello uso mayúsculas esta antigua y enorme zona–, abarcaba las presentes jurisdicciones de Alabama, Carolina del Sur y del Norte, Georgia, Kansas y Misisipi; se extendía hasta el norte de Virginia, y, al oeste, a zonas de Texas y Luisiana del moderno país de los Estados Unidos de Norteamérica. Se sabía que era parte de una gran masa continental y no otra isla, pero no había demarcación de sus límites y se ignoraba casi todo de la zona central. Si bien el territorio fue oficialmente descubierto por Ponce de León en la segunda década del siglo XVI (1513), varios intentos de colonizar la zona fallaron estrepitosamente. Desde una perspectiva histórica y textual los proyectos más conocidos son los de Pánfilo de Narváez (1528) y Hernando de Soto (1539-43) por las publicaciones coetáneas que contaron su trágico desenlace. De la primera expedición surge la Relación (1542) hoy conocida como Naufragios, donde Álvar Núñez Cabeza de Vaca narra cómo durante ocho años él y tres compañeros (dos españoles y un esclavo norafricano) deambularon por el sudoeste de Norteamérica. El triste recorrido de la segunda y gran empresa colonizadora a la zona lo relata Garcilaso de la Vega en La Florida del Inca (1605) basándose en el testimonio de Gonzalo Silvestre y los escritos de otros dos participantes (Coles y Carmona) en la fallida expedición de De Soto.
En el orden religioso, la rebelión de Paquiquineo, un noble indígena de la etnia powatan, capturado, españolizado y conocido como don Luis de Velasco, terminó (1571) con el asesinato de los misioneros jesuitas en la Bahía de Jacán o Ajacán (hoy Chesapeake Bay) y la retirada de los ignacianos de La Florida quienes fueron reemplazados por miembros de la orden franciscana. La presencia francesa en la frontera norte del imperio español en América, enfureció a Felipe II quien envió al marino asturiano Pedro Menéndez de Avilés a expulsarlos. Percibidos como doblemente peligrosos por ser invasores y por su fe religiosa –eran protestantes hugonotes–, los franceses fueron eliminados muy pronto. Por su parte, los ingleses, además de navegar casi libremente por el Canal de las Bahamas, desplegaban gran actividad comercial por medio del contrabando que ejercían entre sus puestos continentales y las islas del Caribe. Como ha sugerido el historiador norteamericano Eugene Lyon, el dominio español comenzó a consolidarse en tierras floridanas a partir de 1567, gracias al esfuerzo del Adelantado Pedro Menéndez de Avilés y la fundación de San Agustín (1565), la única villa europea en los actuales EE. UU. habitada continuadamente desde su fundación, y Santa Elena (1566), capital de La Florida a partir de 1571 hasta que fue evacuada (1576) y finalmente abandonada (1587) debido a presiones indígenas y decisiones estratégicas para la colonización de la zona. Las Nuevas ordenanzas de 1573 afirmando la persuasión y la diplomacia en lugar de la conquista a sangre y fuego, debían marcar el futuro de territorio tan codiciado por potencias europeas –en particular, Inglaterra y Francia—y tan bien defendido por sus habitantes autóctonos cuya agencia se muestra en la habilidad para luchar contra cualquier invasor y en la astucia en el trato con ellos.
Contra este telón de fondo me aproximo a tres textos floridanos, diversos en extensión y propósito cuyo común denominador es su vínculo –tenue unas veces, muy fuerte en otras ocasiones— con el virreinato del Perú: la Memoria (c. 1575) de Hernando de Escalante Fontaneda, La Florida del Inca (1605) de Garcilaso de la Vega y la Relación de los mártires de La Florida (c. 1619) de Luis Jerónimo de Oré. Por el testimonio de Escalante Fontaneda sabemos que su familia pasó al virreinato peruano y se asentó en Cartagena de Indias, ciudad donde nació. Sabemos también que, financieramente bien apertrechados, él y su hermano mayor emprendieron la travesía a España con el propósito de seguir estudios en Salamanca. La nave naufragó en las costas de La Florida, el hermano murió poco después en cautiverio, y el mozo Hernando permaneció prisionero de los indios calusa por diecisiete años, cuando lo rescató Menéndez de Avilés. El marino asturiano aprovechó el conocimiento de varias lenguas indígenas de Escalante Fontaneda para avanzar la colonización de la zona. Años después el joven escribió una singular Memoria cuyo vínculo a las probanzas de servicios y méritos destaco. En este documento Escalante Fontaneda cuenta sus experiencias, presenta sus méritos y detalla cómo debe llevarse a cabo la colonización de La Florida. Para aquellos no familiarizados con la Memoria, más estudiada en la academia norteamericana que en la ibérica o la hispanoamericana, incluyo una versión modernizada y anotada del testimonio de Escalante Fontaneda cuya perspectiva no deja de sorprender por su singular conocimiento del territorio, por su percepción de la población nativa, por la pormenorizada descripción de sus productos, por señalar los “tesoros” de La Florida, por proponer otro modo de colonizarla e integrarla al imperio español.
Sigue a este capítulo el dedicado a “La Florida del Inca y la historia compartida”, donde me concentro en el fracaso de la empresa liderada por Hernando de Soto, solventada con dineros recibidos en recompensa de su actuación en el virreinato peruano. Analizo las consecuencias de este descalabro para los expedicionarios y los nativos floridanos quienes recorrieron juntos tierras ignotas hasta llegar a la Nueva España, y en México-Tenochtitlan ser generosamente acogidos por el virrey y su séquito. Al contar las peripecias de tal marcha, Garcilaso, narrador virtual, inserta episodios donde la comunicación por medio de la traducción o la interpretación juega un papel preponderante. En efecto, aludiendo a vocablos del quechua, del náhuatl, de las islas del Caribe, el cronista cuzqueño medita tanto sobre la cultura peruana como la mexicana y también sobre la empresa conquistadora en América. La Florida se constituye en el “bien perdido” cuya recuperación es ineludible en el imaginario del colectivo conquistador refugiado en la Nueva España. Así, varios expedicionarios emprenden viaje al Perú –entre ellos Gonzalo Silvestre, el principal informante del autor– para allí intentar realizar sus sueños floridanos. Este viaje –virtual para Garcilaso y real para sus personajes—y su ruta –de La Florida a la Nueva España y al Perú– muestra las singulares facetas que marcan indeleblemente la biografía de los expedicionarios y la historia compartida.
En el tercer capítulo presento la Relación de los mártires de La Florida donde Luis Jerónimo de Oré, franciscano ayacuchano, da cuenta de su experiencia misionera en La Florida y Cuba. La obra, la menos conocida de Oré, se perfila como un cajón de sastre donde encontramos desde geografía hasta historia religiosa y política. Por ello primeramente hago un recorrido general destacando el contacto del autor con La Florida del Inca y el amplio alcance histórico y variedad de temas de la Relación, incluyendo cómo acabar con los ingleses y el contrabando en el Canal de las Bahamas. Subrayo igualmente la plena convicción de Oré en el éxito de la misión catequizadora de La Florida y su deseo de recibir a muchos misioneros para extenderla a territorios distantes, como el de los Apalaches, Destaco también anécdotas que refuerzan las ideas del franciscano de Guamanga (hoy Ayacucho) sobre cómo misionar en tierras de Norteamérica; observo cómo contrasta a las colectividades indígenas andinas y floridanas; señalo su reconocimiento de la posición estratégica de La Florida en la lucha contra Inglaterra y Francia. Me detengo en explicar su encuentro con la geografía floridana y cómo lo lleva a recomendar la implementación en este territorio de las reducciones que, en el caso peruano, resultaron tan nocivas para los indios. El análisis textual desvela, entre otras cosas, cómo se manifiesta la capacidad de acción indígena contradiciendo a quienes juzgaban de “bárbaros” a los nativos de La Florida.
Esta relectura de textos tan sugerentes como olvidados –en el caso de Escalante Fontaneda y Oré– muestra la importancia de La Florida en la Carrera de Indias y la compleja novedad de un territorio que atrajo a los dos luminares más sobresalientes del virreinato del Perú, el Inca Garcilaso y Oré. Su relectura me permite proponer la memoria de Escalante Fontaneda, la crónica del Inca Garcilaso y la relación de Oré, como un puente textual de ida y vuelta. Desde tal plataforma avizoramos el territorio descubierto por Ponce de León como un espacio de intercambio, encrucijada cultural entre España y las Américas –la del Norte y la del Sur-. Desde esta atalaya accedemos a un pasado compartido y violento que muestra cómo en La Florida se articulan tensiones entre fe y poder, alteridad y asimilación, memoria y olvido, y presenta al virreinato peruano como un centro de irradiación de ideas y posibilidades. Espero que el acercamiento a los acontecimientos representados en estos textos favorezca su integración a la cultura nacional –del Perú, de España, de los Estados Unidos– y prime la esperanza de entender la compartida historia y así abrevados plantar la semilla del “bien común”.
Los textos
Uno de los objetivos de la publicación es dar a conocer tanto al público general como al especializado, textos de limitada circulación en una edición accesible. Por tanto, para facilitar la lectura he modernizado la puntuación y la ortografía. Indico las letras y palabras agregadas entre corchetes; salvo algunas excepciones, coloco los pronombres enclíticos en posición proclítica (por ejemplo, respondiome-me respondió; díjoles -les dijo). Asimismo, para agilizar la comprensión, he resuelto las abreviaturas, agregado notas aclaratorias de vocablos, lugares, personajes y hechos históricos distantes de la época actual. En la Relación de Oré he corregido erratas de mi edición de 2014, revisado la puntuación y ampliado las notas.
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Reproducido con la autorización previa de: Quipu Virtual, Boletín de Cultura Peruana Lima Perú |




