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FERNANDO FERNÁNDEZ
Nació en San Marcos, Departamento de Ocotepeque, Honduras. Poeta y narrador. Reside en Los Ángeles, California, desde hace varios años y forma parte del grupo de poetas hondureños que viven y se destacan en dicha ciudad, conjuntamente con poetas de otros países de Centroamérica. Participa activamente en actos poéticos y literarios en California y ha dedicado gran parte de su tiempo a la recogida y donación de libros para las bibliotecas del municipio de San Marcos en Honduras. Por esta razón, a través del consulado de Honduras en Los Ángeles se le dio un reconocimiento por su contribución a la cultura de su país. Su obra poética ha sido publicada en línea y en algunas antologías. También ha participado en festivales literarios en California y ha sido merecedor de varios reconocimientos durante su trayectoria como escritor. En el año 2025 el Círculo Literario Hispanoamericano de Los Ángeles publicó su poemario A la orilla del viento, que de acuerdo al poeta nicaragüense Iván Figueroa, quien estuvo al cuidado de la edición, nos señala que ‟En este libro de Fernando Fernández el amor y la muerte se presentan en una dimensión escatológica, propia de quien ha escudriñado la existencia con el misterioso lente de la poesía.”
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CLANDESTINO VIAJERO
En desveladas noches
de recuerdos desteñidos,
compañeros inseparables
se acomodan en mi pequeña mochila.
Deseo detener las horas
e iniciar en silencioso diálogo
la búsqueda de un refugio
que cobije mis restos
de viajero extraviado
en el infortunio.
VERDADES Y NAUFRAGIO
El viento ulula
su envejecido canto
por escarpados riscos
y caprichosas dunas,
mientras el mundo gira
descontrolado.
Aprendí de ancestrales costumbres
que nadie debe trazar mis límites
pues la verdad tiene doble filo,
suele ser terrible o hermosa.
EXIGUO EXISTIR
Despertó temprano el día
y me invitó a caminar
la vereda tapizada
con fragmentos de otoño
derribados por la ventisca
de la noche anterior.
Crujían lamentos bajo sutiles
suelas de dolor.
ALUCINACIÓN O SUEÑO
Suspendidos en el aire
Mis huesos vibran de incertidumbre.
Sospecho con incisivo tono
Que la vida está encaprichada conmigo.
Muchas veces he cerrado la puerta
y ella se las ingenia para volver a entrar.
Creo que la soberana del último suspiro
está enojada, llamo a sus aposentos
y no me abre.
TENGO POCO TIEMPO
para celebrar vivencias
y mucho, para enamorar la muerte.
Tranquilo en confortable morada
envidio la profundidad de la mar.
DESAMPARADO EN LA HABITACIÓN
Me desespera
la paciencia de los minutos.
Escucho improvisadas armonías
retozar en el aire.
Forzando un despertar enloquecido
en la rutina de ver qué pasa
sin que nada pase.
El ‟muerto equivocado”
no quiere aceptar
la realidad de seguir vivo.
