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JULIO BENÍTEZ
Nació en Guantánamo, Cuba (1951). Poeta, ensayista, narrador, novelista y profesor de español en el Distrito Escolar Unificado de la ciudad de Los Ángeles en California, donde el autor reside desde hace varios años. Ha publicado varias novelas, libros de cuentos y poesía, así como una colección de ensayos. Ha recibido premios en los géneros de cuento, poesía y crítica literaria. Participa como crítico literario en la Revista Cultural Hispanoamericana y es miembro activo de los grupos La Luciérnaga y POESÍA de Los Ángeles, California. Las poesías recogidas en esta selección son parte de su poemario El Cancionero de Amael. De acuerdo con Mauricio Campos, director de la Revista Cultural Hispanoamericana, los poemas de este autor enfrentan a los lectores a un reto intelectual amoroso y controversial, y nos dice: ‟Al leer la dedicatoria de este poemario me sorprendió la frescura, fuerza, bondad y agradecimiento que Benítez expresa a las mujeres que han logrado llegar a su corazón de poeta. Al continuar su lectura, encontramos versos cortos llenos de la sabiduría de un hombre que ha cultivado los diversos caminos del sentimiento.
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II
Soy el mensajero
de mis despojos
sin ruegos ni triunfos
tu vasallo.
III
Me gustan blancas como la nieve siberiana.
Me arrebata una mujer imitando la noche africana.
Ansio la unidad del matiz
no importa si albor falta
o abusa la luz.
Las de Shangai me subyugan
junto a las mujeres de Okinawa.
Nigeria tiene la belleza de Yemayá
y mis patrias condensan
los colores de mis versos.
El verde puede ser misterio de unos ojos
el azul marea mis sentidos.
Lucrecia tiene un tornasol que se me escapa
y la niña misteriosa socava
mis sensaciones por castaño.
¿Dónde, color de mis colores
asuntas mi despabilada pereza?
No sé cómo definir tonalidades.
Lo confieso.
Soy amante de los colores puros.
V
Noche sin el tajo del insomne
Obstaculiza al siervo penitente
Petrarca trasnochado
Laura indolente en el desprecio.
Vuelvo a mi dantesca comparación
de Pantagruel adorando a Beatriz
sátiro que se permite degustar el sudor
compitiendo por vientre de escondrijos sacros.
VIII
El camino arroja una tarde húmeda
cuando la muchacha bordea
el límite de una virgen en el mar.
Novato marinero pretende navegar en la tormenta
para redimir un compromiso de amor perpetuo.
El océano salpica la estación
mientras el viento entona su réquiem.
Ruedas de vehículos braman
y gotas de lluvia
se deslizan sobre el aparcadero.
Dante envidioso, Petrarca compungido
observan lágrimas y sentimientos
que no caben en un soneto medieval.
XI
No hay tormenta que borre el calor
ni cremas árticas que otorguen placer
al desesperado estío.
Barquilla suave y próvida
de pechos rosados
vientres lampiños y frescos.
Degustación de oquedades
en primavera cálida
peleando un verano frío
y separaciones austeras.
XIV
Un álbum borroso de cincuenta olvidos
labios que no besé
cuerpo que pudo y no fue mío
se aleja en la noche de California
en medio de un globo de nostalgias
y amor que no complace.
