BAQUIANA – Año XXVII / Nº 137 – 138 / Enero – Junio 2026 (Opinión I)

UN AMERCANISTA CON ESTILO PROPIO: GERMÁN ARCINIEGAS A LOS 125 AÑOS DE SU NACIMIENTO: 1900-2025

 

por

 

Germán David Carrillo

 


La mejor manera de honrar a Arciniegas es leyéndolo y releyéndolo.

Mario Vargas Llosa

Toda situación, por muy mala que parezca, es susceptible de empeorar.

Germán Arciniegas

Introducción:

El pensamiento y la perspectiva americanista tuvieron su inicio prácticamente poco después del descubrimiento del nuevo continente, cuando se fue desarrollando en los escritores (especialmente los cronistas de Indias) una conciencia de lo diferente, no solo en relación con la naturaleza, sino también en la consideración de que había un nuevo continente que albergaba modelos de sociedad peculiares; siglos después, y cuando corrieron por el continente los aires renovadores de la Revolución Francesa y los principios de libertad, igualdad y fraternidad, y se desataron las luchas independentistas, la conciencia de ser americano sirvió de inspiración y aliento a los discursos renovadores y revolucionarios que sacudieron, con tiempos y ritmos distintos, todo el continente.

Algunos líderes, como Simón Bolívar, quisieron ir más allá de la independencia y formularon proyectos de integración continental, que al menos configuraran la futura América hispana. Este proyecto se constituyó en un reto para un conjunto de pensadores que comenzaron a hablar del americanismo, considerado en un principio como un campo de saberes orientado a redescubrir el continente en todos sus aspectos y a revalorizar sus particularidades.

Formalmente, solo fue a finales del siglo XIX cuando se acuñó y se difundió el término «americanismo», tras la fundación, en 1895, en Francia, de la Société des Américanistes. En sus inicios, esta asociación definió el americanismo de forma muy estrecha, limitándolo al estudio de América hasta 1492. La limitación obedecía a un propósito político: contrarrestar una visión colonialista erigida sobre la base de que América había nacido del descubrimiento de Colón. La nueva corriente americanista sostenía lo contrario: el continente americano era un conjunto complejo de culturas que poco debía a la colonización y podía existir sin ella, y quizás pese a ella.

Durante años, las temáticas y los enfoques de los congresos americanistas tuvieron como objetivo la exaltación de las culturas precolombinas, a la vez que se disminuía y relativizaba la importancia de la colonización española. Había un notable afán por otorgar importancia a otras contribuciones a la conformación de las culturas indígenas (aportaciones de fenicios, islandeses, daneses, noruegos o normandos), hasta llegar a extremos sensacionalistas.

Pero solo fue a finales del siglo XIX y en las primeras décadas del siglo XX cuando se fueron decantando y consolidando reflexiones americanistas más allá de la pugna entre el indigenismo y el hispanismo. Se trataba de darle fundamento político y filosófico a la búsqueda de una posible identidad americana, reconocer las diferencias desde una perspectiva prospectiva y exaltar sus particularidades naturales y humanas. En ese nuevo contexto surge la figura de Germán Arciniegas.

Una vida excepcional

Arciniegas nació en 1900, en Bogotá, cuando la ciudad todavía conservaba características de una aldea del siglo XIX (Sánchez, 1998). Su familia era una de las muchas que poco a poco inmigraban a la ciudad, pero con un pie todavía en el campo y una economía campesina.

Desde muy joven, Arciniegas desplegó un extraordinario dinamismo cultural, especialmente en el ámbito del periodismo estudiantil. Fue una actividad fuera de lo común por la proyección continental que le dio Arciniegas desde el principio, y a una edad muy temprana, superando el provincialismo y las barreras comunicativas que podía tener Bogotá en 1920 con el resto del continente y del mundo.

Al igual que su prolífica actividad intelectual, sorprende en Arciniegas su temprana y sólida pasión por el mundo de las letras, en el ambiente semirrural de comienzos del siglo XX, y donde todo apuntaba a que el joven Germán continuaría las actividades trazadas por la familia; al respecto, comenta uno de sus principales biógrafos: “Germán terminó con las fincas que le dejó don Rafael Arciniegas, al cambiarlas por imprentas que no le generaban dividendos, sino pérdidas” (Cacua Prada, 2000, p. 407). La situación boyante de la familia contrastaba con el empeño de Germán por gastar a manos llenas el dinero en aventuras editoriales y periodísticas. Ese fue el motivo para que la familia se trasladara a Nueva York, tras obligar a Germán a abandonar sus equipos de impresión; la advertencia familiar fue perentoria: “Si usted continúa en Bogotá con sus revistas, va a acabar con la herencia y nos quedaremos en la miseria. Nos vamos para Nueva York” (Cacua Prada, 2000, p. 412).

Arciniegas en New York

Nueva York le proporcionó dos cosas: un ambiente cultural cosmopolita y una mirada más amplia sobre las particularidades del continente. En esa ciudad, frecuentó bibliotecas y personajes que contribuyeron a profundizar sus reflexiones, hasta dar lugar a la escritura y publicación de su libro más famoso: *El estudiante de la mesa redonda* (Madrid, 1932), donde exalta al estudiante de la vida como agente de una nueva mentalidad analítica, crítica y transformadora, a la vez que insiste en América como espacio privilegiado para la libertad y el cambio.[i]

Desde el comienzo de su actividad, Arciniegas tuvo muy claro su norte: la concepción de América como una unidad de estudio y pensamiento, con todas sus complejidades e, incluso, contradicciones. La reflexión en torno a una unidad continental se convirtió en un eje inamovible de su carrera y de su producción intelectual. Así lo reconoció en sus últimos años, haciendo alusión a la cantidad de libros escritos que, sin embargo, gravitaban en torno a un mismo tema: América y sus protagonistas: “Se dice que he escrito 43 libros [hasta 1986], y no es cierto: he escrito uno, que no termina. Para que ustedes tiemblen de pavor, tengo en estantes, en un baúl y en varias gavetas volúmenes sin publicar. Son del mismo libro. Mi imaginación es infeliz, limitadísima. No he salido del tema que comencé a explorar cuando lo de “El Estudiante de la Mesa Redonda” (Arciniegas, p. 346).

Hacia la mitad de la primera mitad del siglo XX en Colombia, muchas vocaciones literarias e intelectuales habían quedado ahogadas por la pasión política, que se exacerbó con la llegada del Partido Liberal al poder, tras casi medio siglo de intentos frustrados y treinta años después de la llamada Guerra de los Mil Días, a finales del siglo XIX y principios del XX. Desde 1930 y durante dieciséis años, el poder estuvo monopolizado por el Partido Liberal, hasta 1946, cuando el Partido Conservador lo recobró, dando lugar, dos años después, a un período de violencia política que solo conoció una relativa tregua a partir de 1954.

Sin ser ajeno a los aires de renovación que soplaron en Colombia durante el mandato liberal (1930-1946), Germán Arciniegas se mantuvo por encima de las luchas partidistas y encaminó sus energías políticas a sostener el ideal americanista de libertad y democracia. Fue cuando algunos escritos de Arciniegas incomodaron a las dictaduras latinoamericanas, tanto de izquierda como de derecha. Una de las pruebas es una rareza bibliográfica: el libro “Adversus Arciniegas (Crítica violenta)”, del autor español Pedro González Blanco, publicado en México por la Editorial Rex en 1948, encargado y financiado por Rafael Leónidas Trujillo, dictador de la República Dominicana.

Al maestro Arciniegas, durante la agitación social de las últimas décadas del siglo pasado, se le relacionó, tal vez injustamente, con el establecimiento. Había sido representante parlamentario del Partido Liberal y había sido favorecido con cargos diplomáticos. Sin embargo, se olvida de sus luchas contra las dictaduras del continente en una época en que, tanto ser activamente de centro como de izquierda, podía poner en peligro la libertad o, incluso, la vida. En cuanto a las cambiantes posiciones políticas de Arciniegas, el profesor Manuel Hernández clarifica: “Fue de izquierda en los treinta; de centro en los cuarenta, cuando hizo su memoria de ministro de Educación; de centro derecha en Nueva York; de derecha ilustrada vaticanista en los setenta, y profesor anti-hegeliano en los ochenta. No se quedó quieto en defensa de una libertad que (…) se mantuvo peleando con su sombra” (Hernández, p. 450).

Ensayista sin fronteras, pero con estilo propio

A las fecundas y profundas reflexiones del maestro Arciniegas, dedicadas al americanismo, no le fueron ajenas la creación ni la escritura de ficción; en su escritura se aproximó al mundo novelesco y a sus fronteras con el ensayo y las historias, exponiendo las similitudes entre la ficción y la realidad en las historias contadas. En sus propias palabras:

[Yo]… hablaba de la veracidad de la novela y aludía a la mentira en la historia. Cosa que expliqué alguna vez al reseñar para “Sur” de Victoria Ocampo, dos libros que acababan de aparecer con el mismo título. Uno, “El Bolívar” de Waldo Frank, publicado en Nueva York; el otro, el de Madariaga, de Madrid [ii]. El rótulo que di a mi reseña fue muy exacto: «Dos autobiografías sobre Simón Bolívar….¨ Extendiendo la descripción a mil obras del mismo género, creo que queda dicho lo que pienso sobre la mayor parte de ellas. Me llena de sorpresa y admiración el poeta que asimismo se llama poeta, el escritor que se dice escritor, el historiador, o el novelista que se coloca cada cual en su departamento (Arciniegas, 2000, págs. 349-350).

En la cita anterior, Arciniegas hace una aguda y certera alusión a dos aspectos interesantes relacionados: primero, con la escritura de ficción dentro de la escritura de biografías; y, segundo, con la frontera difusa de algunos géneros literarios, especialmente en las etiquetas que manejan algunos autores. Podríamos formular el planteamiento de Arciniegas en forma de preguntas: ¿Acaso el poeta no es escritor? ¿No lo es tampoco el historiador, al igual que el novelista? ¿Acaso un historiador no vierte en su escritura de los hechos fácticos una perspectiva personal al recrear personajes y episodios históricos? Al hablar de “Dos autobiografías sobre Simón Bolívar…” La clave está en la preposición sobre, que plantea un juego conceptual sutil y profundo: sugiere que, en todo abordaje biográfico, está presente el Yo de un narrador, no solo con su capital cultural, sino también con una historia personal, temas y un lenguaje personal.

La elaboración de algunos títulos de su obra delata un abordaje lúdico, a la vez que crítico, en cuanto a las categorías literarias e, incluso, en las concepciones aparentemente inamovibles de los protagonistas; es el caso de *Gatos, patos, armadillos y otros seres humanos*, donde pone de manifiesto no solo la unidad animalista en la que está incluido el ser humano, sino, de nuevo, la importancia de la mirada del narrador como determinante en todos los temas que aborda.

Originalidad y trascendencia

Germán Arciniegas es uno de los americanistas más importantes, si no su figura cumbre. Y lo ha sido gracias a una obra numerosa, amplia e integrada, de dimensiones enciclopédicas, en la que se ha esbozado una interpretación de la condición americana, que varias generaciones han podido alimentar con su pensamiento político y su orgullo continental.

La producción intelectual de Arciniegas no decayó en ningún momento, a pesar de los impedimentos físicos. En 1994 (cinco años antes de su muerte) quedó completamente ciego y muy sordo. Sin embargo, pedía a sus hijas, a la secretaria y a las enfermeras que le leyeran la prensa, las revistas y los libros que le llegaban para estar al día y dictar las colaboraciones que publicaba dos veces por semana en El Tiempo de Bogotá, Diario de las Américas de Miami y La Nación de Buenos Aires. (Cacua Prada, 2000, p. 420).

Juan Hernández Gutiérrez afirma que el libro más conocido de Arciniegas (Entre la libertad y el miedo, 1952), traducido a varios idiomas, “lo convirtió en el primer escritor colombiano más famoso de la historia, años antes de que Gabriel García Márquez le arrebatara ese lugar”. Matizando la afirmación anterior, diríamos que, en cuanto a la difusión de su obra a nivel mundial, Arciniegas podría ser, en el ensayo, lo que Gabriel García Márquez fue en la novela. En el ensayo, el público lector no tiene las mismas dimensiones cuantitativas que en la novela, género mucho más popular; aún así, la magnitud de Arciniegas como pensador americanista lo sitúa en un nivel muy alto, parangonable a figuras como José Vasconcelos, Alfonso Reyes, Arturo Uslar Pietri, José Carlos Mariátegui, Eduardo Mallea, Pedro Henríquez Ureña, Ezequiel Martínez Estrada, Jorge Luis Borges y Octavio Paz, entre otros.

 

 

BIBLIOGRAFÍA

ARCINIEGAS, Germán. “El mundo es una escuela. Palabras del maestro Germán Arciniegas”, en el acto de descubrimiento de su busto en bronce, el 31 de julio de 1986. Academia Colombiana de Historia. Boletín de Historia y Antigüedades. Número 809. Homenaje al maestro Germán Arciniegas. Bogotá, 2000.

CACUA PRADA, Antonio. Germán Arciniegas y la soledad de su grandeza. Bogotá: Universidad Externado de Colombia, Bogotá,1990. 

___. “Semblanza del maestro Germán Arciniegas”, en la Academia Colombiana de Historia. Boletín de Historia y Antigüedades. Número 809. Homenaje al maestro Germán Arciniegas. Bogotá, 2000.

CARRILLO, Germán D. “Germán Arciniegas: maestro, diplomático y educador en los Estados Unidos.” El país sí tiene quien le escriba. Colección Pulso Herido, ANLE, 2015. Pp. 153-157.

COBO BORDA, Juan Gustavo, Arciniegas de cuerpo entero, Planeta, Bogotá, 1987.

HERNÁNDEZ, Manuel. “Adiós a Germán Arciniegas”. En Academia Colombiana de Historia. Boletín de Historia y Antigüedades. Número 809. Homenaje al maestro Germán Arciniegas. Bogotá, 2000.

MORALES BENITEZ, Otto, El maestro Arciniegas: emancipador cultural del continente, Bogotá, Kelly, 1990.

SÁENZ ROYNER, Eduardo. “Germán Arciniegas, entre la libertad y el establecimiento”. En Historia Crítica, núm. 21, enero-junio, Universidad de los Andes. Bogotá, 2001

SÁNCHEZ, CONSUELO. De la aldea a la metrópoli. Bogotá: Instituto Distrital de Cultura y Turismo,1998

TRIVIÑO ANZOLA, Consuelo.  Prólogo. “Germán Arciniegas y el Ensayo Contemporáneo”. En América nación entre libros Tomo II. Biblioteca familiar de la Presidencia de la República. Bogotá, 1996.

 

NOTAS

[i] En Nueva York tuvo como vecino de apartamento a Salvador Dalí. En la urbe neoyorquina hizo gran amistad con Juan Ramón Jiménez y con Gabriela Mistral” (Cacua Prada, 2000, p. 416)

[ii] Se refiere a la obra de Salvador de Madariaga:  Bolívar, publicada en 1951.

 

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GERMÁN DAVID CARRILLO

Nació en Pamplona, Colombia (1950). Es catedrático, crítico literario, investigador, ensayista, escritor y promotor cultural. Graduado con un doctorado en literatura hispana e hispanoamericana contemporánea de la Universidad de Illinois, ha sido profesor en Brown University (Providence, Rhode Island) y Marquette University (Wisconsin) en los Estados Unidos. Dirigió el programa de estudios de Marquette en la Universidad Complutense de Madrid durante nueve años no consecutivos. Allí  conoció de cerca a España, su arte, sus gentes y pueblos y casi toda su geografía viajando por  todo el país. Escribe ahora sus memorias sobre esos años en España. Es profesor Emérito de la Universidad de Marquette y  Presidente Emérito de Sigma Delta Pi, la Sociedad Honoraria Hispánica que cuenta con más de 620 capítulos en la nación norteamericana. Sus intereses profesionales giran en torno a las lenguas, la literatura, la historia, la cultura y el arte en general. Ha puesto énfasis en los integrantes del conocido boom latinoamericano y otros autores posteriores. También se interesa mucho por la literatura española del siglo XX y XXI (Elvira Lindo, Ruiz-Zafón, etc.). Es autor de un buen número de ensayos sobre figuras del BOOM (Cortázar, Fuentes, Vargas Llosa, Onetti, Benedetti, García Márquez, etc.) y posteriores (Bryce Echenique, Rosario Ferré, Gustavo Alvarez Gardeazábal, Alonso Aristizábal y Antonio Skármeta, entre otros). En fechas recientes, ha trabajado la obra de Laura Restrepo, Juan Gabriel Vásquez y Evelio Rosero. También ha sido reseñista durante años de Hispania, Inter-American Review of Bibliography, Revista Iberoamericana, World Literature, Confluencia, BIANLE, RANLE y otras revistas universitarias de México, España y Colombia. Algunos de estos ensayos han sido recogidos en el libro Realismo e irrealidad en la literatura hispanoamericana actual (Bogotá, 1992) y en La narrativa de Gabriel García Márquez: ensayos de interpretación (Castalia Editores, Madrid, 1975). Sus dos libros más recientes son: Dos mundos literarios: España e Hispanoamérica – Siglos XX y XXI (Net Educativa, Bogotá, 2013) y otro que publicó la Academia Norteamericana de la Lengua Española titulado: El país sí tiene quien le escriba: La narrativa colombiana de entre siglos (New York, Colección Pulso Herido, 2015). Desde 2015 es Miembro Numerario de la Academia Norteamericana de la Lengua Española (ANLE) y Miembro Correspondiente de la Real Academia Española (RAE).

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