NO DESPIERTEN A MEL GIBSON
(Obra en un acto)
de
Julie De Grandy
Personajes:
Amalia: Una mujer excéntrica que pasa de los 80 años, pero que aparenta muchos menos.
Irina: Sobrina de Amalia.
Rigoberto: Marido de Irina.
Estela: Trabajadora Social
ESCENOGRAFÍA:
EL SALÓN DE LA CASA DE AMALIA. SE NOTA QUE FUE UNA CASA ELEGANTE PERO LAS COSAS ESTÁN DESGASTADAS. LOS TAPICES DE LOS MUEBLES ESTÁN RAÍDOS. HAY MUCHO POLVO Y DESORDEN. POR EL SUELO, ABUNDAN PERIÓDICOS VIEJOS, REVISTAS Y DEMÁS ARTÍCULOS. EN LOS ESTANTES, HAY LIBROS BIEN ENCUADERNADOS Y ADORNOS DIVERSOS, PERO DESORDENADOS. HAY VASOS Y CRISTALERIA SUCIA. EN UNA ESQUINA, HAY UNA MESITA CON UN JUEGO DE AJEDREZ DONDE ESTÁN COLOCADAS LAS FICHAS COMOS SI DOS PERSONAS ESTUVIERAN EN MEDIO DE UNA PARTIDA.
ENTRA AMALIA QUEJÁNDOSE. TIENE RESACA. VISTE UN LARGO CAMISÓN CON BATA A JUEGO Y TIENE PUESTOS ESPEJUELOS DE SOL. AL ENTRAR EN LA SALA, LE MOLESTA LA LUZ. SE APRESURA A CERRAR LAS CORTINAS. LUEGO SE QUITA LOS ESPEJUELOS DE SOL Y LOS DEJA EN UN ESTANTE.
AMALIA: (SE QUEJA, SUJETÁNDOSE LA CABEZA. SE ACERCA A UN ESPEJO, SE MIRA Y SE HABLA.) Aaaay…Te lo dije Amalia, te lo dije pero no me haces caso, tenías que haber sabido marcar tu límite… Dos botellas de champán es demasiado. Ya no estás para estos excesos. Pero bueno… (SE RÍE) Bis pueri senes. En fin… Una noche es una noche… Es que, sin estos momentos, ¿qué seria la vida? (AL ESPEJO) Veo que tú también estás de acuerdo conmigo, ya somos dos… (TRANSICIÓN – LLAMA Y COMIENZA A BUSCAR.) Sócrates… ¿Dónde estás Sócrates? (SUSPIRA Y SE DETIENE.) Ah… Es que él es tan simpático y tan seductor. Y es tan buen actor. (SIGUE BUSCANDO A SÓCRATES.) Sócrates… ¿Pero dónde estás…? (ENTUSIASMADA) Estaba tan divino en esa película que hacía de abogado en aquella firma de abogados que… (PAUSA Y TRANSICIÓN.) No, ese fue Tom Cruise. (ENTUSIASMADA) Pero me encantó en esa otra película en que estaba la escena de sado-masoquismo donde él… (PAUSA Y TRANSICIÓN) No, ese fue Bruce Willis. (PARECE VER A ALGUIEN Y SE SORPRENDE.) Georgette, ¿tú por aquí? Qué Bonjour, ni Bonjour… No, no estoy entusiasmada de verte. Si apenas hace un par de meses que te moriste, querida. Déjame descansar un poco de ti. ¡Baja la voz! Qué barbaridad, Georgette, sigues teniendo el mismo galillo de muerta que tenías de viva. Luego, Georgette… Luego me cuentas con quién te encontraste por allá. No, ma cherie. Sacré-Bleu! Georgette, esfúmate… Que me duele la cabeza, (GEORGETTE DESAPARECE.) Georgette y una resaca es demasiado para una sola mañana… Me voy a preparar un té de Mandrágora. (LLAMA EN LO QUE HACE MUTIS A LA COCINA.) Sócrates… ¿Dónde estás Sócrates?
(ENTRAN POR LA PUERTA DE LA CALLE IRINA Y RIGOBERTO CON UNAS MALETAS PEQUEÑAS.)
IRINA: (LLAMANDO EN ALTA VOZ.) Tía Amalia, ya llegamos. Tía Amalia… (A RIGOBERTO) Qué raro, parece que no se ha despertado.
RIGOBERTO: Todavía es temprano.
IRINA: Pero ella es muy madrugadora.
RIGOBERTO: ¿Le dijiste que veníamos hoy?
IRINA: Claro, pero creo que se le olvidó. Ya sabes que ella vive en su mundo. Tía…
(VA A CORRER LAS CORTINAS DE LA VENTANA. AL ENTRAR LA LUZ, VE QUE EL SALÓN ESTÁ MUY DESRREGLADO Y SE PONE A RECOGER PERIÓDICOS DEL SUELO, A ARREGLAR LOS COJINES DEL SOFÁ, A RECOGER TAZAS Y VASOS QUE PUEDAN ESTAR SOBRE LAS MESAS. DURANTE EL TRANSCURSO DE LA OBRA, IRINA SALDRÁ Y ENTRARÁ A LA COCINA LLEVANDO VAJILLA Y SACANDO TRAPOS Y ARTÍCULOS PARA LIMPIAR EL POLVO, PARA ABRILLANTAR LOS MUEBLES. SACA ESCOBA PARA BARRER Y DEMÁS, MIENTRAS QUE RIGOBERTO MIRA TODO CON DISPLICENCIA Y NO LA AYUDA EN NADA. HAY UN MARCADO RITMO ENTRE LA ABULIA Y LENTITUD DE RIGOBERTO Y EL MOVIMIENTO CONSTANTE DE IRINA.)
RIGOBERTO: Quizás se haya muerto y así nos facilitaría las cosas.
IRINA: No digas eso. Es mi tía y sabes cuánto la quiero.
RIGOBERTO: ¿A qué hora podemos hacer el check-in en el hotel?
IRINA: A la una. No entiendo por qué no quisiste quedarte a dormir aquí, es sólo por una noche.
RIGOBERTO: No me siento cómodo en esta casa. Mira cómo está todo.
(MIRA A SU ALREDEDOR.)
IRINA: Déjame recoger un poco antes de que llegue la trabajadora social.
RIGOBERTO: ¿Tendrá hecho testamento tu tía?
IRINA: Nunca se lo he preguntado. Pero me imagino que sí.
RIGOBERTO: Trata de preguntárselo de pasada, ya que estamos aquí.
IRINA: A veces la gente no quiere hablar de esas cosas, puede pensar que uno quiere que se muera pronto.
RIGOBERTO: A esa edad, ya se está en el mundo de prestado.
IRINA: No creo que pienses igual cuando tengas sus años. Además, ella no aparenta su edad.
RIGOBERTO: Pero la tiene. Mira, se debe vivir mientras uno le es útil a la humanidad, después de eso ya no tiene sentido. Ella no le sirve a nadie.
IRINA: Le sirve a la gente que la quiere.
RIGOBERTO: ¿A quién, a ti? Tú eres su única sobrina. Ni siquiera tuvo hijos.
IRINA: Esa fue su elección. No todo el mundo tiene que tenerlos. Bastante poblado está ya el planeta.
RIGOBERTO: Ni se habla con su hermana.
IRINA: Mamá y ella son muy diferentes.
RIGOBERTO: Tú tía siempre fue una egoísta, sólo ha pensado en sí misma.
IRINA: No te permito que hables así de ella. Es mi tía y creo que la conozco mejor que tú.
RIGOBERTO: Sólo estoy repitiendo lo que dice tu madre.
IRINA: Ellas se distanciaron hace mucho tiempo. Ya sabes que mamá – siendo tan católica – no aprobaba la vida que llevaba tía Amalia.
RIGOBERTO: No me extraña. Aunque no sé si tuvo tantos amantes como le adjudica tu madre.
IRINA: Creo que tuvo más.
RIGOBERTO: Nunca me has dicho en qué trabajaba.
IRINA: En realidad no lo sé. Siempre ha sido algo misteriosa y lo que cuenta es tan “fantasioso” que a veces no me parece probable. Pero nunca le ha faltado nada. Se pasó la vida viajando por el mundo.
RIGOBERTO: Me imagino que sus amantes la mantenían. (MIRA UNA FOTO DE AMALIA DE JOVEN.) No estaba mal en su día. Aunque de eso ya hace mucho tiempo. Los amantes van en proporción inversa a la gravedad.
IRINA: ¿Eso qué quiere decir?
RIGOBERTO: Que mientras más afecta la gravedad a tu cuerpo, menos amantes tienes. Los amantes desaparecen cuando se te caen los pellejos.
IRINA: ¿También vas a desaparecer tú cuando se me caigan a mí?
RIGOBERTO: Es diferente, nosotros estamos casados.
IRINA: Con el entusiasmo que lo dices parece que estás hablando de una condena a cadena perpetua.
RIGOBERTO: No empecemos. Estábamos hablando de tu tía, no de nosotros. Es un milagro que se mantenga con su mísera pensión. A no ser que tú le des dinero sin que yo lo sepa…
IRINA: Nunca me ha pedido nada. Al contrario, me pagó mis estudios y siempre me dio dinero cuando lo necesité.
(EN LO QUE IRINA SIGUE RECOGIENDO, RIGOBERTO EMPIEZA A MIRAR Y BUSCAR POR LA CASA. MUEVE LIBROS, MIRA DENTRO DE JARRONES, ETC.)
RIGOBERTO: Pues ahora nos hace mucha falta y no has sido capaz de convencerla de que venda esta casa.
IRINA: Está negada a venderla.
RIGOBERTO: A lo mejor la vieja es lista y sabía que si no aceptaba la primera oferte, le ofrecerían más. Y así ha sido.
IRINA: No comprendo cómo están dispuestos a pagarle dos millones de dólares por esta casa.
RIGOBERTO: Porque ya todos los otros vecinos vendieron, pero necesitan este terreno. Sin él, no pueden fabricar el edificio. Los otros dueños de la manzana se dieron con un canto en el pecho de que les pagaran menos de la mitad. Les pareció una fortuna y se fueron tan contentos a comprarse una casa mucho mejor. Pero tú tía se empeña en no vender esta mierda de casa que un día se le va a caer encima de lo vieja que está.
IRINA: Es su casa.
RIGOBERTO: Mira, con ese dinero la podemos llevar a una buena residencia donde la cuiden bien y tenga otros viejos con quienes entretenerse. Aquí está sola.
IRINA: Lo sé. Y eso es lo que me preocupa. Tengo miedo de que un día le pase algo estando sola y nosotros estamos tan lejos. Por eso accedí a que llamaras a la trabajadora social. Ellos tienen más experiencia en estas situaciones. Quien venga hoy sabrá valorar si tía Amalia todavía está apta para vivir sola o si hay que llevarla a una residencia, aún contra su voluntad. Si ese fuese el caso, se podrá vender la casa, poner el dinero a plazo fijo y pagarle la mejor residencia que encontremos con los intereses.
RIGOBERTO: Esas residencias son caras. No creo que a plazo fijo el dinero genere mucho con las tasas de interés tan bajas. Y capaz que esa vieja viva hasta los cien años y entonces nos vamos comiendo el capital y no nos quedaría mucho cuando se muera.
IRINA: Es su dinero, a nosotros no nos tiene que quedar nada.
RIGOBERTO: Te importa más ella que el bienestar de tus hijos. Marcos quiere estudiar medicina y Luis veterinaria. Son carreras muy caras. Tal y como van las cosas, no vamos a poderles pagar ni sus estudios universitarios.
(RIGOBERTO SE LEVANTA Y SE PONE A BUSCAR.)
IRINA: Nuestros hijos son nuestra obligación. ¿Qué haces?
RIGOBERTO: Estoy buscando. Se me ocurrió que a lo mejor la vieja tiene dinero escondido.
IRINA: No seas ridículo.
RIGOBERTO: Los viejos hacen esas cosas. (ECHA UNA MIRADA A LOS CUADROS Y LOS ADORNOS.) ¿Tú crees que alguno de estos vejestorios tenga valor?
IRINA: Quizás.
RIGOBERTO: Podías preguntárselo.
IRINA: Si no hubieras dilapidado nuestros ahorros en esas inversiones dudosas no estaríamos ahora en esta situación.
RIGOBERTO: No soy adivino. No sabía que todo eso se iría al traste. Y te recuerdo que mucha gente ha perdido dinero en estos tiempos.
IRINA: Te dije que no lo hicieras, no me daba buena espina.
RIGOBERTO: Ahora te quieres hacer la bruja como tu tía, que pretende hasta adivinar el futuro.
IRINA: Ella me lo advirtió. Me dijo que íbamos a perderlo todo.
RIGOBERTO: Ah, ella te lo dijo. ¿Y qué carajo sabe ella de la bolsa de valores? Si fuera un genio de las finanzas ahora sería millonaria y no estuviera viviendo en esta casa miserable.
IRINA: Cállate que creo que la escucho…
(ENTRA AMALIA.)
AMALIA: Georgette, eres una atrevida, ¿por qué me abriste la cortina?
IRINA: No, tía. Fui yo.
RIGOBERTO: ¿Quién es Georgette?
AMALIA: (SE ENTUSIASMA.) Irina, cariño.
IRINA: Hola tía. (LA ABRAZA)
AMALIA: (BUSCA) ¿Dónde están mis espejuelos de sol? ¿Me los escondiste, Georgette?
RIGOBERTO: (INSISTE) ¿Quién es Georgette?
IRINA: Te dije que llegaríamos hoy.
(ENCUENTRA LOS ESPEJUELOS Y SE LOS PONE.)
AMALIA: Aquí están… ¿Qué día es hoy?
IRINA: Hoy es martes, 24.
AMALIA: Entonces ayer debe haber sido lunes, 23. ¿De qué mes?
IRINA: Estamos en junio, tía.
AMALIA: Con razón hay tanta luz.
RIGOBERTO: Hola, Amalia.
AMALIA: (FRÍA) Hola Alberto
RIGOBERTO: Rigoberto, me llamo Rigoberto
AMALIA: Es un nombre muy feo, Alberto es más bonito. Así se llamaba el marido de la Reina Victoria.
RIGOBERTO: No me importa cómo se llamaba el marido de la Reina Victoria.
AMALIA: Porque eres muy inculto. Le dije a mi sobrina que no se casara con un hombre tan burdo como tú, pero no me hizo caso.
IRINA: Tía, por favor.
AMALIA: Con todos los pretendientes que tenías, Irina. Cargaste con el peor.
RIGOBERTO: Gracias.
AMALIA: La verdad no debería ofender. (SE LLEVA LAS MANOS A LA CABEZA.) Aaaah…
IRINA: ¿Qué te pasa tía?
AMALIA: Tengo un poco de resaca de anoche.
IRINA: ¿Bebiste?
AMALIA: (CON AIRE TRAVIESO) Estábamos celebrando el reencuentro.
IRINA: ¿Con quién?
RIGOBERTO: Debe ser con Georgette.
AMALIA: No, Alberto, Georgette sólo hace dos meses que murió. Tampoco era como para hacerle una fiesta de bienvenida. Bastante me costó la corona de flores que le mandé a la funeraria.
RIGOBERTO: ¿Georgette está muerta? Ya empezamos…
IRIRNA: ¿Con quién te reencontraste, tía?
AMALIA: (MUY MISTERIOSA) Con él…
IRINA: ¿Quién es “él”?
AMALIA: Uno de los artistas más famosos de Hollywood. Ay, qué guapo estaba cuando hizo esa película con Anthony Hopkins en que encarnaba el papel de la muerte…
IRINA: (SORPRENDIDA) ¿Brad Pitt?
AMALIA: No.
IRINA: Claro que fue Brad Pitt el que hizo “Meet Joe Black”
AMALIA: Sí, pero ese no es el que está aquí.
IRINA: ¿Entonces quién es?
AMALIA: (VA DECIR ALGO Y LO PIENSA) Eh… ahora no me acuerdo.
RIGOBERTO: (EN TONO DE BURLA.) Así que además de muertos, también la visitan artistas de Hollywood.
IRINA: Unos me visitan, otros me llaman por teléfono. Me necesitan.
RIGOBERTO: Para qué la van a necesitar… ¿Acaso se metió a profesora de actuación?
AMALIA: Es que yo… (RIGOBERTO SE VA A SENTAR Y ELLA LE GRITA.) Cuidado Ruperto, que vas a aplastar a Sócrates.
RIGOBERTO: ¿Quién es Sócrates?
AMALIA: Mi gato, que está durmiendo en ese sillón.
RIGOBERTO: Aquí no hay ningún gato.
AMALIA: Claro que lo hay. (AMALIA VA Y LE DICE QUE SE BAJE.) Mira, donde estabas Sócrates. Y yo buscándote por toda la casa. Bájate, de ahí, sabes que a mamá no le gusta que te subas en los muebles.
IRINA: (CON DULZURA.) Tía, Sócrates murió hace siete años.
AMALIA: Pero su espíritu sigue en la casa. Ésta es su casa.
RIGOBERTO: Ahora resulta que usted ve a gatos invisibles.
AMALIA: Yo tengo el don. (SE TOCA LA CABEZA Y SE QUEJA.) Ah…
(ÉL VA A DECIR ALGO, PERO IRINA LE HACE SEÑAS DE QUE NO DIGA NADA.)
IRINA: ¿Tía, por qué no te tomas un Alka-Seltzer?
AMALIA: ¿Alka-Seltzer? En mi vida he tomado esa porquería. Estaba ahora en la cocina preparándome un té de Mandrágora. Está asentándose. En cuanto lo tome, se me quitará la resaca.
RIGOBERTO: ¿Mandrágora? Me recuerda a las pócimas de las brujas en los cuentos que leía de niño.
AMALIA: Al menos sabes leer, Alberto, me impresionas. Con permiso, voy a buscar mi té. (HACE MUTIS HACIA LA COCINA.)
RIGOBERTO: Muertos, espíritus de gatos, té de mandrágora. O es bruja o está loca.
IRINA: Baja la voz que te va a oír.
RIGOBERTO: Ni sabía que la mandrágora existía de verdad.
IRINA: Es una planta como otra cualquiera. Tía siempre ha sido muy naturalista. Tiene el jardín lleno de especies y plantas medicinales. (RIGOBERTO VA A ENCENDER UN CIGARILLO.) No fumes, aquí. Recuerda que a tía Amalia no le gusta.
RIGOBERTO: Pues entonces saldré a fumar y a comprar el periódico. Mientras menos tiempo pase en esta casa, mejor. Ahora vuelvo. (HACE MUTIS)
AMALIA: (SALIENDO CON SU TAZA DE TE.) ¿Y Filiberto?
IRINA: Fue a comprar el periódico.
AMALIA: Aquí tengo muchos periódicos, tiene de dónde escoger.
IRINA: No dudo que tengas periódicos hasta de cuando estaba andando la Segunda Guerra Mundial.
AMALIA: Esos creo que están en el ático.
IRINA: Tía, los periódicos se tiran a la basura cuando uno los termina de leer.
AMALIA: Es que no he terminado de leerlos, porque se me acumula la lectura con todas las otras cosas que tengo que hacer.
IRINA: Los periódicos dejan de ser noticia de un día para otro.
AMALIA: Pero pasan a ser historia, y la historia es mucho más interesante que las noticias. Heriberto debería leer más historia.
IRINA: Se llama Rigoberto.
AMALIA: Qué lástima que no le pusieran Jean-Paul, Pierre, Phillipe… me encantan los nombres franceses. ¿A ti no?
IRINA: Son muy bonitos.
AMALIA: Igual que los nombres rusos, Ivan, Alexei, Olga, Yecaterina… A ti te pusimos un nombre ruso. Naciste al poco tiempo de yo regresar de San Petersburgo y se lo sugerí a tu madre.
IRINA: Ya lo sé.
(IRINA ENTRA A LA COCINA Y SALE CON TRAPOS, ESCOBA Y RECOGEDOR. CONTINÚA LIMPIANDO. AL TERMINAR DE TOMAR SU TÉ, AMALIA SE QUITA LOS ESPEJUELOS DE SOL.)
AMALIA: Primero le había sugerido varios nombres franceses de mujer: Francine, Monique, Yvette. Pero me dijo que les sonaban a nombres de putas. Y resulta que la puta más puta que yo he conocido en mi vida se llamaba Gloria, como ella. (SE RÍE) Al menos me hizo caso cuando le sugerí que te pusiera Irina. En esa época tu madre me escuchaba. Desde que dejó de hacerlo, no le ha ido demasiado bien. ¿Cómo está?
IRINA: Está un poco fastidiada con problemas de huesos y muy amargada de carácter.
AMALIA: Nunca fue la alegría de la huerta. Siempre tuvo muy malas pulgas. Consecuencia de tener poco sexo.
IRINA: Tía…
AMALIA: Siempre he pensado que tu madre era frígida.
IRINA: Qué cosas dices…
AMALIA: Nunca confíes en la gente a la que no le gustan ni el sexo ni el chocolate…
IRINA: (SE RÍE) Eres un caso, tía…
AMALIA: ¿Tú desayunaste?
IRINA: Me tomé un café y una tostada en el aeropuerto.
AMALIA: No comas en los aeropuertos, Irina, te estafan. Todo es carísimo.
IRINA: En eso tienes razón.
AMALIA: Y te sirven en platos de cartón o en cerámica barata. Los alimentos saben mucho mejor cuando se comen en buenas vajillas.
IRINA: No creo que el tipo de vajilla influya en el sabor de la comida.
AMALIA: Influye en tu actitud hacia ella y condiciona al cerebro a no disfrutar de todas las sutilezas de los sabores.
IRINA: ¿Tú crees?
AMALIA: Esta taza es de porcelana de Limoges, si fuera de cartón, alteraría el sabor de la mandrágora. A mí todo me sabe mejor en vajilla de Limoges y en cristal de Bohemia.
(IRINA DEJA DE FAENAR Y SE SIENTA A HABLAR CON AMALIA.)
IRINA: Tía, quiero hablar contigo antes de que regrese mi marido.
AMALIA: Quizás se le olvide el camino de regreso. ¿No sería maravilloso?
IRINA: Es mi marido, tía, y el padre de mis hijos.
AMALIA: ¿De los dos?
IRINA: Claro que de los dos.
AMALIA: ¿Estás segura?
IRINA: No me he acostado con ningún otro hombre desde que lo conocí.
AMALIA: Ay, qué aburrido. No hay nada más saludable para la piel que cambiar de amante regularmente. Por eso te veo el cutis mustio, querida.
IRINA: En este último año siento que he envejecido como diez.
AMALIA: Recuérdame prepararte una crema especial antes que te vayas. Mis cremas son milagrosas, no ves lo bien que me mantengo.
IRINA: La verdad es que nadie adivinaría tu edad.
AMALIA: Una vez un laboratorio suizo me quiso comprar la fórmula, pero no se la vendí. Es secreta. Ese hombre va a acabar contigo.
IRINA: Estamos teniendo algunos problemas.
AMALIA: Ya lo sé.
IRINA: ¿Qué sabes?
AMALIA: Que tienes problemas con Heriberto. ¿No has oído hablar de un invento fabuloso que se llama “divorcio”?
IRINA: Nunca he contemplado el divorcio.
AMALIA: Las mujeres no se aprovechan lo suficiente de ese gran privilegio. En tiempos de mi madre y mis abuelas no había esa opción. Había que cargar con el burro para toda la vida.
IRINA: Es cierto. Pero no todo el mundo se quiere divorciar.
AMALIA: La monogamia es anti-natura, Irina. El ser humano es una especie animal y los animales no suelen ser monógamos.
IRINA: Un hombre y una mujer se casan porque se quieren.
AMALIA: Casarse no les va a hacer quererse más, todo lo contrario. El amor es finito. El enamoramiento es un estado temporal, una alteración química del cerebro. La vida se vive en ciclos. Las cosas tienen que morir para volver a nacer. Como las estaciones del año.
IRINA: Yo quiero a mi marido.
AMALIA: No te hagas, Irina, que ya no lo quieres tanto. Recuerda que a mí no me puedes engañar.
IRINA: Están mis hijos de por medio.
AMALIA: La juventud se acostumbra a todo. Ellos van a lo suyo.
IRINA: Muchos de nuestros problemas son de dinero.
AMALIA: Los problemas de dinero se solucionan con dinero.
IRINA: Dinero que no tenemos.
AMALIA: Irina, yo te lo daría con gusto, pero no mientras sigas casada con Dagoberto.
IRINA: Tía, ¿de dónde me vas a dar dinero? Recuerda que yo tengo firma en tu cuenta de banco y me ocupo de hacer tus pagos.
AMALIA: En esa cuenta me depositan la pensión. Te hablo de mis cuentas de banco en Suiza y en Luxemburgo.
IRINA: Tú no tienes cuentas en Suiza y en Luxemburgo.
AMALIA: (SE QUEDA PENSANDO). Es verdad… No es Luxemburgo es Liechtenstein. Se parecen, son dos micro países de Europa, aunque no tan pequeños como el Vaticano. Pero no tendría yo dinero en los bancos del Vaticano. Ya sabes que los curas son unos ladrones. Acuérdate del escándalo del Banco Ambrosiano.
IRINA: ¿Por qué habrías de tener cuentas en bancos de otros países, pudiendo tenerlas aquí?
AMALIA: Porque no estoy dispuesta a pagar impuestos demenciales sobre mis ganancias para que luego el gobierno los use para crear programas sociales que fomentan la vagancia de un montón de sinvergüenzas y le mantienen los hijos a esas mujeres que paren como conejas. Mis clientes me hacen los giros directamente a esas cuentas.
IRINA: Hablemos en serio, tía. Si de verdad nos quisieras ayudar, hubieras aceptado la oferta que te han hecho para comprarte esta casa. Están dispuestos a pagarte mucho más de lo que vale en el mercado.
AMALIA: No sé por qué tuvieron esos abogados que hablarte a ti de ese asunto. Es mi casa.
IRINA: Averiguaron que yo soy tu apoderada y quisieron hablar conmigo para que te lo explicara.
AMALIA: No hay nada que explicar. ¡Mi casa no está en venta!
IRINA: Te están ofreciendo mucho dinero.
AMALIA: Ven acá con mamá, Sócrates. No te tienes que esconder de Irina. A ella le gustan los gatos. (TOMA AL GATO INVISIBLE EN SUS BRAZOS Y LO COMIENZA A ACARICIAR.) Es que cuando viene a visitarme Gilda, se esconde porque ella odia los gatos. Sócrates es muy cariñoso, pero tiene su orgullo.
IRINA: Gilda murió cuando yo era niña.
AMALIA: Pero aún muerta sigue detestando a los gatos, hay cosas que no se superan en el trance.
IRINA: Dos millones de dólares te están ofreciendo por esta casa. Es mucho dinero.
AMALIA: Menos que tres y menos que cuatro millones…
IRINA: ¿Me estás diciendo que quieres pedir más por la casa?
AMALIA: No, querida, te estoy diciendo que mi casa no está en venta.
IRINA: Con ese dinero podrías tener mejor calidad de vida.
AMALIA: ¿A qué le llamas tú mejor calidad de vida?
IRINA: Podrías vivir en una residencia moderna.
AMALIA: Lo moderno no tiene solera.
IRINA: Allí te cuidarían.
AMALIA: Yo sé cuidarme.
IRINA: Conocerás gente. Aquí estás muy sola.
AMALIA: ¿Quién te ha dicho a ti que yo estoy sola? Aquí viene mucha gente. Y estoy rodeada de mis recuerdos.
(AMALIA DEPOSITA A SÓCRATES EN UN SILLÓN Y EMPIEZA A RECORRER EL SALÓN Y A MIRAR LOS OBJETOS CON CARIÑO.)
IRINA: Estoy segura que te podrás llevar muchas de tus cosas contigo.
AMALIA: (TOMA UN PORTARETRATOS.) ¿Viste qué bien salí en esta foto?
IRINA: Preciosa.
AMALIA: Es que había estado haciendo el amor toda la noche con John Wayne. ¡Qué potencia!
IRINA: ¿Con John Wayne?
AMALIA: Yo le pedía que me hiciera el amor con el sombrero de Cowboy puesto, me daba morbo.
IRINA: Nunca he hecho el amor con un hombre que porte sombrero de Cowboy.
AMALIA: Si fuera sólo eso, hay muchas cosas que has dejado de hacer en tu vida, pero aún te queda tiempo.
IRINA: No sé si me queden ganas.
AMALIA: Este jarrón me lo regaló Sean Connery cuando tuvimos un encuentro furtivo en Alemania. Él estaba filmando en Londres una de las películas del Agente 007, y quedamos en vernos en un castillo de Baviera. (ADOPTA LA ACTITUD DE JAMES BOND.) Me encantaba la forma que decía “My name is Bond, James Bond”. Uuy, me ponía la carne de gallina…
IRINA: Sean Connery… Eso nunca me lo habías contado.
AMALIA: Hay tantas cosas que nunca te he contado. A veces las cosas pierden encanto cuando se cuentan. La gente es tan envidiosa.
IRINA: No te referirás a mí.
AMALIA: Claro que no, querida. Pero he tenido muchas amigas que me han envidiado porque sus vidas han sido muy mediocres. Ellas lo eligieron así. No obstante, el ser humano es libre de cambiar su vida en el momento que no sea feliz.
IRINA: A veces tengo mis dudas. Creo que existe un gran condicionamiento moral.
AMALIA: Moral, otro concepto abstracto que responde a la definición que cada cual le quiera dar. (MIRA AL SOFÁ) Si ese sofá pudiera hablar, te ruborizarías hasta tú. (SE ACUESTA EN EL SOFÁ EN LA POSE DEL CUADRO DE “LA MAJA” DE GOYA.). Una vez posé desnuda en él para un pintor famoso, en la misma posición que “La Maja” de Goya.
(SE LEVANTA DEL SOFÁ Y CONTINÚA EL RECORRIDO POR EL SALÓN.)
IRINA: Tía, mira lo sucia que está esta casa.
AMALIA: Es que Matilde ya no es tan ágil, el reuma le da muchos problemas. Este búcaro era de la Condesa Francesca di Montecatini. Solía pasar la temporada de ópera en su casa de Milano. ¿Dónde estarán mis prismáticos? (SE PONE A BUSCAR.)
IRINA: Búscate otra criada.
AMALIA: ¿Cómo se te ocurre? Matilde ha estado viniendo a limpiar en mi casa durante 40 años. Me ha sido muy leal. No tengo motivos para despedirla.
IRINA: Matilde está cerca de los 80 años, tía.
AMALIA: Pero es mi amiga, y le hace falta ese dinero. ¿Crees que porque sea vieja va a dejar de ser mi amiga?
IRINA: Pues síguele dando el mismo dinero, pero búscate otra que limpie bien.
AMALIA: (MIRA HACIA ARRIBA) Las telarañas son muy decorativas. Mira qué elaborada es aquella, me recuerda cuando yo hacía ganchillo…
IRINA: Tía, por Dios…
AMALIA: Hace tiempo que no hago ganchillo. (ENCUENTRA LOS PRISMÁTICOS) ¡Aquí están! Con estos prismáticos le veía hasta la campanilla a María Callas desde el tercer palco de la izquierda en la Scala de Milán. Qué temple, qué intensidad cantando “Carmen”. (EMPIEZA A CANTAR “LA HABANERA” DE CARMEN O BIEN LA PUEDE DOBLAR SOBRE UNA GRABACIÓN.)
L’amour est un oiseau rebelle
Que nul ne peut apprivoiser,
Et c’est bien in vain qu’on l’appelle
S’il lui convient de refuser.
Rien n’y fait, menace ou prière.
L’un parle bien, l’autre se tait.
Et c’est l’autre que je préfère.
Il n’a rien dit mais il me plait.
L’amour! L’amour! L’amour! L’amour!
¡Qué maravilla el amor ! Y cierto es que es un pájaro rebelde que nadie puede domesticar.
IRINA: ¿Algo así como tú?
AMALIA: (SE RÍE) Algo así como yo… Mira que María amaba a Onassis. Fue muy intenso su amor. Una vez estuve paseando con ellos en el yate “Cristina” por el Mediterráneo. Ari era muy simpático…
IRINA: Por el Mediterráneo…
AMALIA: ¿Sabes cómo se dice Mar Mediterráneo en árabe?
IRINA: No.
AMALIA; Al Bajar – Al Abiad – Al Mutawased. El mar blanco entre la tierra… Muy poético. Me lo enseñó un Jeque con quien tuve un corto affair en Marrakech. Me decía, Jabibti, anti ayuni… ¡Qué romántico! (ENCUENTRA UNA CARETA.) Mira donde estaba. La llevo buscando hace tiempo.
IRINA: ¿Qué es?
AMALIA: La careta que llevaba en el Gran Baile del último Carnaval de Venecia al que asistí. (AL PONERSE LA CARETA SE COMIENZA A ESCUCHAR UN VALS Y AMALIA SE PONE A BAILAR POR LA HABITACIÓN. AGARRA A IRINA PARA QUE BAILE CON ELLA.)
IRINA: Tía, no es momento de bailar.
AMALIA: Siempre es momento de bailar, querida. Como siempre es momento de amar. Me encontré con Lord Byron estando en Venecia. Su espíritu todavía frecuenta el Café Florián. Iba mucho allí a escribir. Me encanta su poesía…
She walks in beauty, like the night
Of cloudless climes and starry skies;
And all that’s best of dark and bright
Meet in her aspect and her eyes:
IRINA: ¿Cuántos idiomas hablas?
AMALIA: Seis o siete.
IRINA: ¿De verdad viviste todas esas aventuras?
AMALIA: Si lo recuerdo, debe ser que sucedió.
IRINA: A lo mejor lo imaginaste.
AMALIA: La imaginación también nos puede hacer sentir cosas muy intensas. En el mundo de la imaginación, todo es posible.
IRINA: Lo malo es volver a la realidad.
AMALIA: (DEJAN DE BAILAR.) Si no te vas a divorciar, por lo menos búscate algunos amantes. Preferiblemente jovencitos, tienen más potencia sexual.
IRINA: No pienso serle infiel a mi marido.
AMALIA: ¿Infiel? El concepto de la fidelidad poco tiene que ver con la sexualidad. Si vas a serle fiel a alguien, te deberías ser fiel a ti misma. De nada vale limitar las apetencias, y menos por un hombre que no se limita por ti.
IRINA: ¿Qué me quieres decir?
AMALIA: Que tu marido ha tenido unas cuantas amantes desde que ustedes se casaron.
IRINA: Eso no es cierto.
AMALIA: Por supuesto que lo es. Sin ir más lejos, ahora se está acostando con su secretaria.
IRINA: Tía, es muy cliché eso de acostarse con la secretaria. Podías ser más original.
AMALIA: Piensa lo que quieras.
IRINA: ¿Cómo ibas tú a saber eso?
AMALIA: Veo las cosas, querida. Me pagan grandes sumas por eso.
IRINA: ¿Quién te paga grandes sumas?
AMALIA: (MISTERIOSA) Ellos. Y además Mamerto es jugador.
IRINA: Eso no es cierto.
AMALIA: Claro que lo es. Ha contraído grandes deudas de juego.
(ENTRA RIGOBERTO.)
RIGOBERTO: ¿Todavía no ha llegado?
AMALIA: ¿A quién han invitado?
IRINA: ¿Qué hay entre Loreta y tú?
RIGOBERTO: ¿Cómo?
IRINA: ¿Te estás acostando con tu secretaria?
RIGOBERTO: ¿Qué estupidez te ha estado metiendo esta vieja en la cabeza?
AMALIA: Vieja será tu abuela.
IRINA: Contéstame.
AMALIA: Él la llamó ahora cuando salió a fumar.
IRINA: Déjame ver tu teléfono.
RIGOBERTO: Te estás volviendo tan loca como ella. Parece que esta casa obra ese efecto sobre las personas.
IRINA: ¡Déjame ver tu teléfono!
RIGOBERTO: Da la casualidad que se me quedó el teléfono en casa. Te lo dije en el avión.
IRINA: Es verdad…
AMALIA: Todavía quedan teléfonos públicos, pocos, pero quedan. Aunque ya no quedan cabinas telefónicas. No sé dónde se estará cambiando de ropa Superman estos días.
RIGOBERTO: Milagro no viene a cambiarse aquí a su casa.
IRINA: ¿La llamaste de un teléfono público?
RIGOBERTO: (LE GRITA) Basta ya, Irina.
AMALIA: No levantes la voz que lo vas a despertar.
RIGOBERTO: (SARCÁSTICO) ¿Sócrates está durmiendo?
AMALIA: No estoy hablando de Sócrates.
IRINA: ¿Quién está durmiendo?
RIGOBERTO: Debe ser Platón o Aristóteles.
AMALIA: “Él” está durmiendo.
IRINA: ¿Quién, tía?
AMALIA: Ya sabes que no me gusta develar los nombres de mis clientes.
RIGOBERTO: ¿Sus clientes? No me diga que esto es un burdel geriátrico.
IRINA: ¿Qué clientes, tía?
AMALIA: Los que se vienen a consultar. Vienen a que yo los aconseje, les ayude a tomar decisiones. Algunos me llaman por teléfono, (BAJITO) como el Presidente.
RIGOBERTO: ¿El Presidente de los Estados Unidos le consulta sus decisiones antes de tomarlas?
AMALIA: Algunos. El Presidente Reagan, por ejemplo. Bueno él se consultaba conmigo desde que era actor de Hollywood. En Hollywood tengo muchos clientes.
RIGOBERTO: ¿Y el que está durmiendo es actor de Hollywood?
AMALIA: De los más famosos.
RIGOBERTO: ¿Está durmiendo en este sofá?
AMALIA: ¿Tú ves a alguien durmiendo en ese sofá?
RIGOBERTO: Yo no, pero si había un gato invisible hace un rato en el sillón, no veo porqué no iba a haber un artista de Hollywood invisible durmiendo en el sofá.
AMALIA: Está durmiendo en la habitación de huéspedes. Hacía tiempo que no venía por aquí. Ha estado muy ocupado con todas sus películas, y todos sus líos. Cada vez que no sigue mis consejos, se mete en problemas. Pero es muy bueno. Me dio mucha alegría que viniera. Por eso estuvimos celebrando.
RIGOBERTO: Debe ser George Clooney, me pareció oler su colonia cuando entré…
AMALIA: No usan la misma colonia. (PARECE CONTESTARLE A ALGUIEN QUE NO ESTÁ.) ¿El alfil?
IRINA: ¿Cómo?
AMALIA: Salomé, por lo menos saluda primero.
IRINA: ¿Quién es Salomé?
RIGOBERTO: La de la “Danza de los Siete Velos”.
(AMALIA SE LEVANTA Y VA AL TABLERO DE AJEDREZ QUE ESTÁ EN UNA MESITA EN UNA ESQUINA. SOPLA Y SUBE MUCHO POLVO. SE SIENTA Y ACTÚA COMO SI TUVIERA UNA PERSONA SENTADA EN LA SILLA DE ENFRENTE.)
AMALIA: ¿Estás segura que quieres mover este alfil?
IRINA: ¿Con quién hablas?
AMALIA: Con Salomé.
RIGOBERTO: Dígale a Salomé que salude a Juan Bautista de mi parte.
AMALIA: (A IRINA) Llevamos casi un año en esta partida porque ella tarda mucho en decidir sus movidas.
RIGOBERTO: (A IRINA) ¿Y todavía dudas si se le debe meter en una residencia?
IRINA: Cállate…
AMALIA: Decídete si quieres mover el alfil o el caballo.
IRINA: (CON DULZURA) Tía, aquí no hay nadie.
AMALIA: Estás muy mal de la vista, Irina. Aquí estamos tú, yo, Salomé y Mamerto.
RIGOBERTO: Yo no veo a Salomé.
AMALIA: Tampoco ves a China, pero no dudas de que esté ahí.
IRINA: ¿Tú la ves, tía?
AMALIA: ¿Claro que la veo, crees que hablo con el aire? Me parece que esa no es una buena jugada, Salomé. Parece mentira que te lo hayas pensado tanto para hacer esa pifia. Bueno, pues ya te lo moví. Y ahora me toca a mí. ¿Cómo que entraste a la habitación de huéspedes? Eres una atrevida, Salomé. Espero que no lo hayas despertado. Ya sé que Mel Gibson era tu actor favorito. (CONCENTRADA EN EL TABLERO.)
RIGOBERTO: (A IRINA) ¿Mel Gibson está durmiendo en la habitación de huéspedes? (SE ECHA A REIR.)
IRINA: No te rías…
RIGOBERTO: Tú eres capaz de creértelo.
AMALIA: (MUEVE UNA PIEZA) Jaque al Rey. No, no es trampa Salomé, traté de disuadirte, pero eres muy testaruda. ¿A ver cómo sales de ésta? Pues piensa a ver si te puedes escaquear; me lo dices dentro de tres meses cuando tomes la decisión. Con permiso, querida, que tengo visita. Y ni se te ocurra volver a entrar a la habitación de huéspedes. Te sugiero que busques por ahí a Sergio Capablanca a ver si te da algunas lecciones de ajedrez. Ta-tá… (SE DESPIDE. TROPIEZA AL CAMINAR.) Ay, Sócrates, te he dicho que no te me pongas delante de los pies, un día te voy a pisar la cola y me voy a caer. (RECOGE A SÓCRATES DEL SUELO.)
RIGOBERTO: No sabía que se podía jugar al ajedrez con muertos.
AMALIA: Hay tantas cosas que tú no sabes, Retuerto.
RIGOBERTO: Desde luego estoy mejor del coco que usted, señora. Aunque siempre que entro a esta casa me empieza a doler la cabeza.
AMALIA: ¿Quieres un té de Mandrágora?
RIGOBERTO: Mejor una infusión de cola de lagarto.
AMALIA: Se me acabaron las colas de lagarto y las alas de murciélago. Y no puedo ir pedirles a los vecinos porque se mudaron.
RIGOBERTO: Porque aceptaron las estupendas ofertas que le hicieron los de la inmobiliaria. ¿Y usted, qué está esperando para aceptar la oferta que le hicieron? Encima le han ofrecido tres veces más que a ellos.
AMALIA: (MOLESTA) Cuántas veces lo tendré que decir… ¡Mi casa no está en venta!
RIGOBERTO: Con ese dinero puede comprar una casa mucho mejor.
AMALIA: No quiero una casa mucho mejor, estoy muy bien en esta casa.
RIGOBERTO: Pues va a tener que venderla cuando…
IRINA: (INTERRUMPE) Escucha tía, me preocupa mucho que estés solita. Por eso hemos hablado para que venga una trabajadora social a verte. Ellos visitan a las personas mayores y les asignan otras personas que vengan a limpiarles, a hacerles la compra, a ayudarles a bañar.
AMALIA: Yo me puedo bañar sola.
IRINA: Tía, te podrías caer, como ahora que tropezaste con Sócrates.
AMALIA: Si me caigo, me levanto. No sería la primera vez.
IRINA: Al menos sé amable con la señora, ella va a venir para ayudarte.
AMALIA: ¿Cuándo va a venir?
IRINA: Debe estar al llegar.
AMALIA: No tenían que haber venido ustedes para eso. Me podías haber llamado por teléfono para decírmelo.
IRINA: Es que quizás te haga algunas preguntas, cosas que no te acuerdes y así estoy yo aquí para contestar.
AMALIA: Esto fue idea de Filiberto, ¿verdad?
IRINA: No, tía…
AMALIA: No me mientas, Irina.
RIGOBERTO: Sí, fue idea mía porque su sobrina se preocupa mucho por usted y así se quedaría más tranquila.
AMALIA: Sé lo que pretendes, Filiberto, pero no lo vas a lograr.
RIGOBERTO: No pretendo nada.
AMALIA: Se te ha metido en la cabeza que venda mi casa. Pero, aunque la vendiese, tú no ibas a tocar un centavo de ese dinero.
IRINA: Estamos pensando en tu bienestar, no en tu dinero.
AMALIA: Tú estarás pensando en mi bienestar, pero Filiberto está pensando en mi dinero. Como si no lo conociera…
RIGOBERTO: Eso no es cierto.
AMALIA: Aquí el mentiroso eres tú.
RIGOBERTO: Señora, yo no soy ningún mentiroso.
AMALIA: ¿No decías que fuiste a comprar el periódico? Viniste sin él.
RIGOBERTO: Lo leí tomándome un café en el bar de la esquina. Se quedó en la mesa.
AMALIA: Que rápido lees.
(LE VA A CONTESTAR, PERO IRINA LO MIRA.)
IRINA: ¿Me podrías traer un vaso de agua, cariño?
(RIGOBERTO HACE MUTIS DE MALA GANA.)
AMALIA: Primero se coge a un mentiroso que a un cojo.
IRINA: Escucha, tía. Cuando venga la trabajadora social, limítate a contestar las cosas que ella te pregunte. No le cuentes otras cosas que no vienen al caso.
AMALIA: ¿A qué otras cosas te refieres?
IRINA: No le digas que Mel Gibson está durmiendo en la habitación de huéspedes, por ejemplo.
AMALIA: ¿Quién te lo dijo?
IRINA: Escuché tu conversación con Salomé.
AMALIA: Ella no debía haber entrado en esa habitación. Es una atrevida.
IRINA: Está bien, pero no hables de tus cosas con la señora.
AMALIA: No la conozco. No tengo porqué entrar en intimidades con una desconocida.
IRINA: Eso espero.
(ENTRA RIGOBERTO CON EL VASO DE AGUA.)
RIGOBERTO: Aquí tienes…
AMALIA: (IRINA VA A BEBER Y SALTA AMALIA.) Cuidado. No bebas. El agua puede estar envenenada.
IRINA: ¿Crees que mi marido me va a envenenar?
AMALIA: Ahora quizás no, pero cuando heredes mis millones, yo que tú tendría mucho cuidado.
IRINA: Tía, no digas tonterías.
AMALIA: No son tonterías. (A RIGOBERTO) ¿De dónde cogiste esa agua?
RIGOBERTO: Del botellón de agua mineral.
AMALIA: Ah, entonces puedes beberla, Irina. Es que me han estado haciendo sabotaje. A veces me cortan la electricidad, pero ya puse un generador.
IRINA: ¿Quién te ha estado haciendo sabotaje?
AMALIA: Ellos…
RIGOBERTO: ¿Los extraterrestres?
AMALIA: No, Ruperto, con los extraterrestres me llevo muy bien. Me refiero a los mafiosos que quieren comprarme la casa.
RIGOBERTO: Usted tiene mucha imaginación, señora.
IRINA: Tía, no puedes vivir con toda esa zozobra.
AMALIA: Conozco sus tácticas. Trabajé muchos años para la CIA.
RIGOBERTO: ¿También fue espía?
AMALIA: De las mejores. Ahora mis amigos del FBI me han puesto cámaras ocultas en la periferia de la casa por si esos delincuentes intentan algo más.
RIGOBERTO: ¿El FBI le instaló las cámaras?
AMALIA: Me deben muchos favores. Sin ir más lejos, el mes pasado les dije dónde encontrar el cadáver de la joven pianista que desapareció el año pasado. Con permiso, voy a ponerme más presentable para recibir la visita. (MUTIS A LA HABITACIÓN.)
RIGOBERTO: Esta vieja se cree Mata Hari.
IRINA: Quizás sea verdad lo que dice.
RIGOBERTO: No me digas que tú le crees todas esas tonterías que cuenta.
IRINA: ¿Por qué no? Sé que el FBI utiliza psíquicas en ocasiones.
RIGOBERTO: Si fuera sólo eso…
IRINA: Yo la veo bien. Está contenta, le gusta estar en su casa. Tengo miedo que si la sacan de aquí, se deprima. Este es su mundo; aquí está rodeada de sus recuerdos.
RIGOBERTO: Aquí está rodeada de mugre y de vejestorios.
IRINA: Lo único que me preocupa es que le pase algo estando sola.
RIGOBERTO: Por eso estará mejor en una residencia donde cuiden de ella.
IRINA: Puede haber otras alternativas. Quizás la pueda convencer para que alquile una habitación, así viviría otra persona con ella en la casa y sacaría un dinerito extra.
RIGOBERTO: Ni hablar. Esta casa hay que venderla.
IRINA: ¿Por qué estás tan empeñado en vender la casa?
RIGOBERTO: Sabes que estamos en una situación difícil.
IRINA: De momento con tu sueldo y el mío estamos cubriendo gastos. Además, aunque se venda la casa, no podemos disponer de ese dinero.
RIGOBERTO: Tú eres su apoderada, tienes firma en su cuenta.
IRINA: Pero no pienso robarle el dinero a mi propia sangre. Si cuando ella se muera me deja algo, entonces eso será mío.
RIGOBERTO: Irina, hay cosas que no te he dicho para no preocuparte. Debo dinero, mucho dinero.
IRINA: ¿De qué debes dinero?
RIGOBERTO: Pedí un dinero prestado para un negocio.
IRINA: No puede haber sido a un banco porque estando casado, yo también hubiera tenido que firmar.
RIGOBERTO: No, fue a unos amigos y me están presionando para que se los devuelva.
IRINA: ¿A unos amigos? ¿Cuánto dinero?
RIGOBERTO: Trescientos mil dólares.
IRINA: ¿Trescientos mil dólares?
RIGOBERTO: Si no se vende esta casa, no va a quedar más remedio que vender la nuestra.
IRINA: Por encima de mi cadáver. Te jugaste el dinero, ¿verdad?
RIGOBERTO: Te dije que fue para un negocio, pero las cosas salieron mal.
IRINA: Mi tía me dijo que jugabas.
RIGOBERTO: (LA AGARRA CON VIOLENCIA.) Yo soy tu marido, es a mí a quien tienes que creer. No a una vieja loca.
IRINA: Suéltame que me estás haciendo daño.
RIGOBERTO: Escúchame bien, hay que sacar a tu tía de esta casa. Le vas a decir a la trabajadora social todas esas cosas que ella cuenta, la vas a convencer de que hay que recluirla en una residencia por su bien. Ellos pueden aplicarle el Baker Act y sacarla de aquí. ¡Lo vas a hacer!
IRINA: Suéltame, hijo de puta.
(TOCAN A LA PUERTA)
RIGOBERTO: Ahí está… Más vale que hagas lo que te digo.
(LA SUELTA Y VA A ABRIR LA PUERTA.)
ESTELA: Buenos días, soy Estela Arenal, la trabajadora social.
RIGOBERTO: Buenos días, Estela, pase. Soy Rigoberto Manrique, hablamos por teléfono.
ESTELA: Mucho gusto, señor Manrique.
RIGOBERTO: Esta es mi esposa Irina, la sobrina de la señora Amalia.
ESTELA; Encantada. Disculpen que me haya retrasado un poco, es que tenemos un automóvil averiado y tuve que dejar a mi marido en su oficina antes de venir.
IRINA: No se preocupe. Mi tía se fue a cambiar de ropa, enseguida estará aquí. Siéntese.
ESTELA: Gracias. (SACA UN CUADERNO DONDE TOMARÁ NOTAS. MIRA SU ALREDEDOR Y COMIENZA A HACER APUNTES.) ¿Qué edad tiene su tía?
IRINA: Es muy presumida, nunca me ha dicho su edad. Pero mi madre tiene 74 y ella es mayor, aunque no luce su edad ni remotamente.
RIGOBERTO: Pero la tiene.
ESTELA: Me dijeron que vive sola.
RIGOBERTO: Sí, vive sola. Y nosotros vivimos en Nueva York. Nos preocupa estar tan lejos y no poder ocuparnos de ella. No se la ve muy bien últimamente. Le diría que da señales de Alzheimer. Inventa historias, no parece vivir en la realidad.
IRINA: Mi tía siempre ha sido un poco excéntrica.
ESTELA: (A IRINA) ¿O sea que usted no nota un comportamiento fuera de lo común ahora en ella?
RIGOBERTO: (MIRA A IRINA CON MIRADA AMENAZADORA.) Mi esposa adora a su tía, y se niega a ver la realidad. Le duele tener que llevarla a una residencia, pero es lo mejor para ella.
ESTELA: ¿La señora no quiere ir a una residencia?
IRINA: (IRINA MIRA DESAFIANTE A SU MARIDO.) No, ella es feliz aquí en su casa. Creo que se sentiría muy deprimida en una residencia.
RIGOBERTO: Aunque ella no quisiera ir, sé que ustedes pueden obligarla a hacerlo. Hay leyes para eso.
ESTELA: Habría que evaluar su caso, dependería de la opinión de su médico.
IRINA: Mi tía no va al médico. No cree en la medicina convencional, siempre se ha curado con hierbas y medicinas naturales como las Flores de Bach.
ESTELA: ¿La Flores de Bach?
RIGOBERTO: Ve usted que no está bien de la cabeza…
ESTELA: Mi mamá era muy amante de las Flores de Bach.
RIGOBERTO: Pero hace falta hacerle una evaluación médica, que la vea un psiquiatra.
IRINA: ¡Ella no está loca!
RIGOBERTO: ¿Qué pensaría usted de una mujer que habla con un gato invisible y juega al ajedrez con un espíritu?
ESTELA: No son precisamente síntomas de Alzheimer.
RIGOBERTO: Pues será demencia senil.
IRINA: Ella conoce a todo el mundo. Ya le dije que siempre ha sido algo excéntrica, lo de ver espíritus ha sido toda la vida. Ella es psíquica.
RIGOBERTO: Ella es una chiflada.
ESTELA: Déjeme hablar con ella primero y así determinaré si la debe evaluar un psiquiatra.
IRINA: Aquí viene.
(ENTRA AMALIA VESTIDA DE MANERA EXTRAVAGANTE.)
AMALIA: Buenos días.
IRINA: Tía, te presento a Estela Arenal.
AMALIA: Mucho gusto. Yo soy Amalia Galé.
ESTELA: Encantada, señora Galé.
AMALIA: Me han dicho que usted es trabajadora social.
ESTELA: En efecto.
AMALIA: Pues sepa que yo no la mandé a buscar, ni tengo necesidad de sus servicios. Así que no quiero que pierda su tiempo, posiblemente tenga otras personas que visitar.
IRINA: Tía, por favor…
RIGOBERTO: Encima de loca, es mal educada.
ESTELA: Aprecio su sinceridad, señora.
AMALIA: Me alegro.
ESTELA: Pero si no le importa, me gustaría charlar un rato con usted, eso es todo. (COMIENZA A ESTORNUDAR Y ESTORNUDA UNAS CUÁNTAS VECES SEGUIDAS.)
IRINA: ¿Está resfriada?
ESTELA: No, para nada. (SIGUE ESTORNUDANDO.) Parece que es la alergia. Permiso… (SACA UN KLEENEX DE SU CARTERA.)
RIGOBERTO: Es que hay mucho polvo en esta casa.
AMALIA: ¿Es usted alérgica a los gatos?
ESTELA: Sí, precisamente. ¿Cómo lo supo? (SIGUE ESTORNUDANDO.)
AMALIA: Porque Sócrates está a su lado.
ESTELA: ¿Sócrates? (SIGUE ESTORNUDANDO.)
RIGOBERTO: Sócrates es un gato imaginario.
AMALIA: Sócrates no es ningún gato imaginario, Mamerto. ¡Es mi gato!
RIGOBERTO: (GRITA) Me llamo Rigoberto.
AMALIA: ¡A mí no me levantes la voz si no quieres que te haga un conjuro y te convierta en sapo! (VA Y RECOGE A SÓCRATES DEL SUELO.) Vamos Sócrates, querido, no puedes quedarte en la sala, porque la señora es alérgica a los gatos. (HACE MUTIS ACARICIANDO A SÓCRATES.)
RIGOBERTO: ¿Lo ve? Tiene gatos invisibles y pretende hacer conjuros.
IRINA: Son bromas de tía.
(NADA MÁS SALIR AMALIA, ESTELA DEJA DE ESTORNUDAR.)
ESTELA: Qué cosa tan rara.
RIGOBERTO: Todo en ella es rarísimo.
ESTELA: Digo que qué cosa tan rara que me haya dado un ataque de alergia. Sólo me pasa cuando estoy cerca de un gato.
IRINA: Tía tuvo un gato llamado Sócrates que murió hace unos años, pero ella dice que su espíritu todavía está en la casa.
ESTELA: ¿Será que también soy alérgica a los espíritus de gatos? (SE RÍE.)
RIGOBERTO: Irina siempre le lleva la corriente a su tía. Pero creo que no hace bien al alimentarle esas fantasías.
ESTELA: A veces necesitamos escaparnos a un mundo de fantasía para hacer la vida más llevadera.
(ENTRA AMALIA.)
AMALIA: Lo siento, Sócrates no la molestará más. Lo he dejado en el jardín.
ESTELA: ¿Entonces, será usted tan amable de concederme unos minutos de su valioso tiempo?
AMALIA: (LA MIRA DE ARRIBA ABAJO.) Hoy me siento magnánima, tiene usted 15 minutos. Pero ni uno más…
ESTELA: Gracias, será suficiente. Me dicen sus sobrinos que usted vive sola.
AMALIA: Irina es mi sobrina, el otro no es pariente mío. Mis genes son de muy buena calidad. Sí, vivo sola, aunque casi siempre estoy acompañada.
ESTELA: ¿Tiene amigos que la visitan?
AMALIA: Muchos amigos.
RIGOBERTO: Vivos y muertos.
ESTELA: ¿Es cierto que le visitan estrellas de Hollywood?
AMALIA: O sí, yo los consulto.
ESTELA: ¿Qué tipo de consulta?
AMALIA: Soy psíquica. Les aconsejo sobre sus proyectos futuros, a veces les leo las cartas.
RIGOBERTO: ¿A que no adivina quién está ahora durmiendo en la habitación de huéspedes?
IRINA: Rigoberto, eso no es necesario.
AMALIA: Claro que no, yo defiendo la privacidad de mis amigos, para que no los acose la prensa. Es horrible vivir perseguido por los paparazzi.
RIGOBERTO: Dice ella que Mel Gibson está durmiendo en la habitación de huéspedes.
AMALIA: No lo dije yo, se lo oíste decir a Salomé que es una indiscreta.
ESTELA: ¿Quién es Salomé?
RIGOBERTO: Salomé es el fantasma de la ópera que juega al ajedrez con ella.
IRINA: (A SU MARIDO) Está bueno ya.
AMALIA: Salomé, no es ningún fantasma de la ópera. No le gustaba la ópera y encima era muy desafinada. Salomé era una querida amiga que me precedió en el viaje…
ESTELA: Ya veo.
AMALIA: ¿Usted ve también a los espíritus?
ESTELA: Fue un decir…
RIGOBERTO: Es una manipuladora, señora. ¿No se da cuenta como quiere evadir la pregunta de Mel Gibson?
AMALIA: ¿Qué pregunta de Mel Gibson?
RIGOBERTO: Que está durmiendo en la habitación.
AMALIA: Eso no es una pregunta, es un hecho.
RIGOBERTO: ¿Qué le dije?
IRINA: (A SU MARIDO.) La señora es una profesional, déjala hacer su trabajo.
AMALIA: (A ESTELA) Es que Mel y yo nos quedamos charlando y bebiendo algunas copitas anoche hasta tarde. Y ahora él está durmiendo la mona.
ESTELA: ¿Mel Gibson…?
RIGOBERTO: ¿Se convence ahora?
(ESTELA TOMA UNAS NOTAS EN SU CUADERNO. AMALIA SE LE QUEDA MIRANDO INTENSAMENTE.)
ESTELA: ¿Por qué me mira así?
AMALIA: Su marido murió en un accidente de avión, ¿no es cierto?
IRINA: Tía, deja que Estela haga las preguntas. Tú limítate a contestarle lo que ella te pregunte.
AMALIA: Usted lo soñó dos noches antes, pero le pareció absurdo decirle que no se montara en el avión.
RIGOBERTO: Amalia, el marido de la señora está en su oficina, ella misma nos dijo que lo dejó allí antes de venir. ¿No es así?
ESTELA: Así es.
AMALIA: No les tenga miedo a sus sueños.
ESTELA: (A IRINA Y A RIGOBERTO.) Nos podían ustedes dejar un momento a solas, por favor.
IRINA: Sí, claro. Vamos.
ESTELA: Gracias…
(RIGOBERTO E IRINA HACEN MUTIS A LA COCINA.)
AMALIA: No sufrió. Iba dormido.
ESTELA: Señora Amalia… ¿no cree que se sentiría mejor viviendo en un lugar donde viven otras personas de su edad para charlar y compartir actividades?
AMALIA: No me gustan los viejos. Usted es alérgica a los gatos y yo soy alérgica a la vejez.
ESTELA: Tiene buen sentido del humor.
AMALIA: La edad no es un número, es una actitud ante la vida.
ESTELA: ¿Nunca se siente sola en esta casa?
AMALIA: No tengo tiempo de sentirme sola. Tengo muchas cosas que hacer. Y como ya le dije, me visitan muchos amigos.
ESTELA: ¿Le tiene miedo a la muerte?
AMALIA: Para nada. Tengo más amigos del lado de allá que del lado de acá. Su madre tenía el don.
(AMALIA SE PONE DE PIE Y COMIENZA A PRACTICAR TAI-CHI. PARECE CONCENTRADA Y NO MIRA A ESTELA CUANDO LE HABLA.)
ESTELA: ¿Cómo dice?
AMALIA: Que su madre tenía el don. Ella veía cosas y tenía sueños premonitorios. Mi madre también. Yo lo heredé de ella. Usted también lo heredó de su madre. El don se hereda por línea materna.
ESTELA: No sé a qué se refiere.
AMALIA: Sí que lo sabe. No trate de entenderlo, simplemente acéptelo.
ESTELA: ¿Qué está haciendo?
AMALIA: Conversando con usted.
ESTELA: Me refiero a esos movimientos.
AMALIA: Tai-Chi. Tiene unos grandes beneficios sobre la percepción de nuestro cuerpo y de nuestro pensamiento, así como del tiempo y del espacio.
ESTELA: Su familia se preocupa por su bienestar.
AMALIA: Se preocupa mi sobrina. A su marido lo único que le interesa es heredar mi dinero. Quiere sacarme de aquí porque sabe que me han hecho una jugosa oferta para comprarme la casa. Como mi sobrina es mi apoderada, cree que podrá disponer de mi dinero.
ESTELA: ¿Cuánto le han ofrecido por su casa?
AMALIA: Dos millones de dólares.
ESTELA: Es mucho dinero, podría usted vivir cómodamente con ese dinero.
AMALIA: Ya vivo cómodamente. No me hace falta más. Tiene que superarlo, Estela. El sentimiento de culpabilidad es muy dañino. No sirve ningún propósito. Es un condicionamiento arcaico de la filosofía judeo-cristiana. Aunque usted le hubiera dicho lo que soñó, él se hubiera montado en ese avión de todas formas. No creía en esas cosas.
ESTELA: Hay magníficos complejos de viviendas para la tercera edad. Puede usted tener su propio apartamento de donde podría entrar y salir libremente.
AMALIA: Cuando no quieren creer, se ríen de nosotros. Lo triste es que la mayoría cree en cosas que les han impuesto.
ESTELA: Tienen hermosos jardines, campos de golf. Organizan actividades, imparten clases, hay autobuses que la llevan a hacer sus compras.
AMALIA: Hay tres preguntas a la que nadie tiene la respuesta. ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos? Y ¿Qué estamos haciendo aquí? Eso que desconocemos, nos atemoriza.
ESTELA: Yo la podía acompañar a ver sitios muy agradables y luego usted decide.
AMALIA: Por eso desde que el mundo es mundo, la gente se inventa fábulas y religiones que ofrezcan respuestas a los misterios de la existencia.
ESTELA: Quizás está bajo la impresión de que todas las residencias son como hospitales. Pero mientras que usted se pueda valer, tendrá su independencia. Y cuando lo requiera, estará más supervisada.
AMALIA: No escuchan la voz de su intuición.
ESTELA: Algunos de estos complejos para la tercera edad son caros, pero si usted vende la casa, le sobrará el dinero para pagarlos.
AMALIA: Y si experimentan cosas fuera de lo común, lo suprimen. Lo tratan de ignorar. Atrofian el potencial de sus facultades psíquicas.
ESTELA: Amalia, ¿está tratando de evadir mis preguntas?
AMALIA: No soy yo quien está tratando de evadir. (PAUSA) Él está bien.
ESTELA: ¿Por qué me dice eso?
AMALIA: Porque él está a su lado y me ha pedido que se lo diga. (ESTELA SIENTE UN ESCALOFRÍO.) Dice que siempre velará por usted. La quiso mucho. Usted lo siente, ¿verdad?
ESTELA: ¿Qué está tratando de hacer?
(AMALIA SE SIENTA AL LADO DE ESTELA Y LE TOMA LA MANO.)
AMALIA: Llore. Cuando esté a solas, llore. Hace mucho tiempo que ha contenido el llanto. Y cuando se seque las lágrimas, siga adelante con alegría. Él lo quiere así.
(ESTELA SE LE QUEDA MIRANDO, CIERRA SU CUADERNO Y LO GUARDA. SE PRODUCE UN TENSO SILENCIO ENTRE ELLAS.)
ESTELA: ¿Iba dormido?
AMALIA: Iba dormido.
(ENTRAN RIGOBERTO E IRINA.)
RIGOBERTO: No le preguntamos si deseaba usted tomar algo.
ESTELA: No, muchas gracias. Ya me voy a marchar.
IRINA: ¿Y ahora qué?
RIGOBERTO: Eso mejor lo hablamos con Estela en privado.
ESTELA: Me ocuparé del caso de la señora Amalia personalmente.
RIGOBERTO: ¿Pero hasta cuándo se va a quedar viviendo en esta casa?
ESTELA: Eso lo determinaremos más adelante.
RIGOBERTO: ¿No le basta con todo lo que ha visto aquí hoy? Hay que recluirla cuanto antes. Está loca.
ESTELA: Estimo que la señora Amalia está en perfecto estado de salud físico y mental.
RIGOBERTO: ¿Cómo?
IRINA: (CON SATISFACCIÓN.) Que tía no está loca.
RIGOBERTO: ¡Usted no es médico!
ESTELA: ¡Usted no se meta en mi trabajo! La señora Amalia se puede quedar en su casa hasta que ella quiera o hasta que determinemos que no está apta para hacerlo.
RIGOBERTO: ¿Qué pasa? ¿La sobornó?
IRINA: Rigoberto, por favor.
ESTELA: A mí no me falte el respeto.
RIGOBERTO: ¿Pero no la ha estado escuchando? ¿Cómo puede decir eso? A ver si también le ha creído que Mel Gibson está durmiendo en la habitación de huéspedes…
ESTELA: No, no está durmiendo. Se acaba de despertar. (LE GUIÑA A AMALIA.)
RIGOBERTO: Señora, se supone que usted sea una profesional. No otra loca como ella.
IRINA: Está bueno ya, Rigoberto.
ESTELA: ¿Por qué no va usted un momento a la habitación de huéspedes?
RIGOBERTO: ¿Por qué no viene conmigo?
ESTELA: No necesito ver, para creer.
IRINA: Anda, ve a la habitación a ver si con el paseo te tranquilizas…
(RIGOBERTO HACE MUTIS DE MALA GANA. ESTELA TOMA LAS MANOS DE AMALIA CON DULZURA.)
ESTELA: Me ocuparé de su caso personalmente, señora Amalia. La vendré a visitar a menudo para asegurarme que esté usted bien. Aquí tiene mi tarjeta con el número de mi celular. Puede usted llamarme a cualquier hora si me necesita. (SE ABRAZAN.)
AMALIA: Gracias. Siempre serás bienvenida en mi casa, querida.
ESTELA: Ya regresaré, no se preocupe. Pero ahora me tengo que marchar. Con permiso.
IRINA: La acompaño.
AMALIA: No hace falta, él está a su lado.
IRINA: ¿Qué dices, tía?
(ESTELA Y AMALIA SE MIRAN.)
ESTELA: Nos veremos pronto… (SALE)
(IRINA SE QUEDA MIRANDO A SU TÍA QUE MUESTRA CARA DE SATISFACCIÓN.)
AMALIA: (TOMA UNA BOMBONERA) ¿Quieres un chocolate?
IRINA: No entiendo cómo lo hiciste…
AMALIA: Me los trajeron de regalo, son belgas. En Bélgica hacen los mejores chocolates.
IRINA: Después de lo de Sócrates, de lo de Mel Gibson, de lo que le dijiste de su marido, no sé cómo…
AMALIA: No era su marido el que iba en el avión…
IRINA: ¿Entonces para que le dijiste que…?
AMALIA: ¡Era su amante!
IRINA: ¿Su amante?
AMALIA: Más que eso, fue el amor de su vida. Pero no la quise poner en evidencia.
IRINA: ¿Te dijo eso?
AMALIA: Me lo dijo él; estaba a su lado.
IRINA: ¿De veras?
AMALIA: Con qué ternura la miraba.
(RIGOBERTO SALE CON LA CARA ESTUPEFACTA.)
RIGOBERTO: Eeeeh…
IRINA: ¿Qué pasa?
(RIGOBERTO NO ATINA A HABLAR)
AMALIA: Ay qué maravilla, parece que se quedó mudo.
IRINA: ¿Qué pasa, Rigoberto?
(MIRA A AMALIA.)
RIGOBERTO: Dice que le prepares un té de Mandrágora…
AMALIA: Aaaah.. Por fin se despertó. Enseguida se lo preparo… (MUTIS A LA COCINA.)
(IRINA LO MIRA. ÉL NO HA SALIDO DE SU ASOMBRO.)
IRINA: ¿Quién quiere un té de mandrágora?
RIGOBERTO: Mee… Mel Gibson…
(IRINA MIRA A SU MARIDO, MIRA HACIA LA COCINA, MIRA HACIA EL PASILLO. VUELVE A MIRAR HACIA SU MARIDO.)
IRINA: ¡Quiero el divorcio!
RIGOBERTO: ¿Cómo?
IRINA: Tía tiene razón, me tenía que haber divorciado hace mucho tiempo.
(IRINA HACE MUTIS Y RIGOBERTO SE QUEDA PARALIZADO. SE ESCUCHA LA VOZ DE IRINA DESDE ADENTRO.)
IRINA: Mr. Gibson, what a pleasure to meet you. I’m a huge fan…
(OSCURO)
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JULIE DE GRANDY
Nació en La Habana, Cuba (1958). Dramaturga, escritora, actriz, guionista, directora, productora, poeta, cantante, compositora, filóloga, y maestra. Es miembro de una de las familias artísticas más destacadas de su natal Cuba. Como dramaturga, ha escrito 14 obras de teatro, seis de las cuales se han representado en Miami, Nueva York y Ciudad de México. También ha escrito más de una docena de obras de teatro breve. Como actriz comienza su carrera a los 15 años, con la zarzuela cubana “Cecilia Valdés”. Desde entonces ha representado los papeles principales de obras dramáticas, comedias y musicales de clásicos (Moliere, Shakespeare, García Lorca, Tennessee Williams y Jean Giraudoux, entre otros) y cubanos contemporáneos, como Matías Montes Huidobro, Héctor Santiago, Dumé y Corrales. Ha participado activamente en los últimos años, como actriz y dramaturga, en el proyecto MICROTEATRO, tanto en Miami como en Madrid, y en la compañía HAVANAFAMA de Miami. Su actuación en el papel protagónico de la obra adaptada por Susana Tubert de la Película de HBO “Real Women Have Curves” de la escritora Josefina López ha recibido críticas muy favorables. Como guionista ha producido para la televisión la Serie “Teens” en la Cadena Telemundo. Ha sido guionista, productora y actriz en el programa “A Oscuras pero Encendidos” de la Cadena Telemundo (Estados Unidos). Es presidenta y fundadora de Producciones AMA que, entre otras, ha producido las siguientes obras premiadas: Doble fondo, Entre Mujeres, Cena para dos, La Herencia, La Huella (en co-producción con la Shakespearean Company). Ha producido, de su creación, las siguientes obras: Doble Fondo (Minorca Playhouse, 1990), La Herencia (Dade Country Auditorium, 1993 – Carrousel Playhouse, 1994), Casting (X Hispanic Theater Festival ,1995), Conexión sin Hilo (Producciones Varela, protagonizada por Jorge Ortiz De Pinedo), Volumen descontrolado (Nueva York, 1998), y Trampa Mortal (Universidad Internacional de la Florida, Teatro Casanova, 1998). Ha realizado Doblajes para: BVI Doblaje de programas de series y películas para América Latina del inglés al español y al francés, así como para otras compañías importantes. Ha realizado campañas de promoción y ha trabajado como locutora de eventos especiales, tales como la retransmisión anual del Festival de Canes para América Latina. Como escritora ha publicado: La Generación Puente (Ensayo, Editorial Arenas, Miami, EE.UU., 1992); Sentimientos de Almas Vivas (Poesía, Editorial Amykasa, 1990); Enigma de Pasiones (Novela, Eride Editorial, Madrid, España, 2002); Quiero ser escritor (Ensayo, Nuevos Escritores, Madrid, España, 2005); y La elección de Salomón (Novela, Ediciones Baquiana, 2011). Es miembro de la SGAE (Sociedad General de Autores de España). Sus obras teatrales son parte del currículo de varias universidades en Estados Unidos. Ha sido guionista de radio y televisión. Tiene compuestas más de 50 canciones, ha musicalizado obras teatrales y ha hecho las versiones en inglés y francés de las canciones de otros destacados compositores. Tiene una colección de premios teatrales de la ACCA y la ACRIM. Y entre sus más recientes premios están el prestigioso Premio BACO (2014) otorgado por el TEM en Miami por su amplia trayectoria teatral, el Premio ACE (2014) de Nueva York como Mejor Actriz de Comedia y los premios HOLA (2015) (2016) (2018) y ACE (2015) (2016) de New York como mejor dramaturga. En abril del 2017 recibió el premio especial ACE de Teatro por su talento en dramaturgia y su contribución a la escena neoyorquina.
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