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JUAN DE URDA ANGUITA
Nació en Jaén (Andalucía) España. Poeta, profesor y ensayista. Originalmente, estudió Derecho y Contabilidad, así como una Licenciatura en Filología Hispánica, en la Universidad de Granada. Posteriormente, decidió estudiar un doctorado en Literatura Española en la Universidad de Columbia en el Estado de Missouri (EE.UU.) Hace más de veinte años reside en los Estados Unidos y en la actualidad ejerce como catedrático en la Universidad Estatal de Nueva York en Fredonia. Sus áreas de especialización son la lengua y cultura españolas, con énfasis en la Guerra Civil Española y todo lo pertinente a la primera mitad del siglo XX. Hasta la fecha ha publicado dos libros de poesía, artículos académicos, capítulos de libros y ficción. En la actualidad tiene algunos manuscritos inéditos, pendientes de publicación. Ha ganado algunos premios literarios.
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Y PASARON LOS AÑOS
Llegamos tan pronto, a la carrera,
por no esperar ya nada de las horas.
Nos llaman un repente para un nombre inventado
y entramos a un examen.
¿Sabemos las sentencias?
Nos dicen otro día que ya fuimos mayores,
que no más diversiones
(como si aquel minuto hubiéramos reído).
La muerte que los causa.
Los acechos nos hablan más esperas
y las noches se cierran sin cuadrante.
RESILIENCIA Y PROPÓSITOS
Duramos en la época del ruido,
de las luces que ahogan las llamadas.
Paramos entre dulces y penosos,
tristes los restos de las noches medias.
Cuando volvemos a mirar las intenciones
sabemos pronto que nunca llegaron.
Nos repiten mentiras sin contorno,
seguridades vanas sin depósito
mientras se quedan los platos vacíos.
Apaguemos el llanto de los píxeles
y limpiemos el fondo del olfato.
Recibamos las manos.
Abramos las cortinas.
TESTIGOS Y PARTE
Los ojos de los gatos de Estambul
nos notan con el mundo entre las uñas,
crecidos sobre estragos recurrentes
y piensan (con razón)
que sólo ellos son veta.
LA VISTA ATRÁS
Jugamos con la vida de la gente
y decimos te quiero y volveré,
o no lo dudes porque será siempre.
Estrechamos manos de pasada o acariciamos minutos sin sentido.
Hablamos por hablar y no pensamos
en el eco de esas ondas retorcidas,
como si estuviéramos tan solos
que nunca los espectros nos miraran.
Pero jamás se pierde lo censado
ni llegan a morir los pensamientos.
Algún día sentiremos esos pasos
de insensatas llamadas de la vida.
MEJOR ASÍ
Tantos años más tarde,
me acuerdo de tu risa de repente.
De tu risa y tus manos.
Una tarde en mi vida (aquella de la lluvia),
no hubo nada mejor.
Pero me terminé.
Supongo que, a la larga, tú saliste ganando.
Esquivaste mi tiempo y mis errores
y las palabras sueltas de mis padres.
Los temores de saldo, las dudas de domingo.
Te evité mis humores de los nudos
y el metro equivocado.
OCASIONES PERDIDAS
Pieles hay que extraviaron
ocasión de discurrir sobre mi vida.
Ojos que nunca vieron los valores.
Fantasmas de tan dulces
que el hueco sigue estando señalado.
Espero que sí fueran felices sin mis manos.
Compadezco, no obstante,
las horas que perdimos.
