BAQUIANA – Año XXVII / Nº 137 – 138 / Enero – Junio 2026 (Poesía I)

FOTO SECCIÓN POETICA

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JULIO BENÍTEZ 

Nació en Guantánamo, Cuba (1951). Poeta, ensayista, narrador, novelista y profesor de español en el Distrito Escolar Unificado de la ciudad de Los Ángeles en California, donde el autor reside desde hace varios años. Ha publicado varias novelas, libros de cuentos y poesía, así como una colección de ensayos. Ha recibido premios en los géneros de cuento, poesía y crítica literaria. Participa como crítico literario en la Revista Cultural Hispanoamericana y es miembro activo de los grupos La Luciérnaga y POESÍA de Los Ángeles, California. Las poesías recogidas en esta selección son parte de su poemario El Cancionero de Amael. De acuerdo con Mauricio Campos, director de la Revista Cultural Hispanoamericana, los poemas de este autor enfrentan a los lectores a un reto intelectual amoroso y controversial, y nos dice: ‟Al leer la dedicatoria de este poemario me sorprendió la frescura, fuerza, bondad y agradecimiento que Benítez expresa a las mujeres que han logrado llegar a su corazón de poeta. Al continuar su lectura, encontramos versos cortos llenos de la sabiduría de un hombre que ha cultivado los diversos caminos del sentimiento.

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II

 

Soy el mensajero

de mis despojos

sin ruegos ni triunfos

tu vasallo.

 

 

III

 

Me gustan blancas como la nieve siberiana.

Me arrebata una mujer imitando la noche africana.

Ansio la unidad del matiz

no importa si albor falta

o abusa la luz.

Las de Shangai me subyugan

junto a las mujeres de Okinawa.

Nigeria tiene la belleza de Yemayá

y mis patrias condensan

los colores de mis versos.

El verde puede ser misterio de unos ojos

el azul marea mis sentidos.

Lucrecia tiene un tornasol que se me escapa

y la niña misteriosa socava

mis sensaciones por castaño.

¿Dónde, color de mis colores

asuntas mi despabilada pereza?

No sé cómo definir tonalidades.

Lo confieso.

Soy amante de los colores puros.

 

 

V

 

Noche sin el tajo del insomne

Obstaculiza al siervo penitente

Petrarca trasnochado

Laura indolente en el desprecio.

Vuelvo a mi dantesca comparación

de Pantagruel adorando a Beatriz

sátiro que se permite degustar el sudor

compitiendo por vientre de escondrijos sacros.

 

 

VIII

 

El camino arroja una tarde húmeda

cuando la muchacha bordea

el límite de una virgen en el mar.

Novato marinero pretende navegar en la tormenta

para redimir un compromiso de amor perpetuo.

 

El océano salpica la estación

mientras el viento entona su réquiem.

Ruedas de vehículos braman

y gotas de lluvia

se deslizan sobre el aparcadero.

Dante envidioso, Petrarca compungido

observan lágrimas y sentimientos

que no caben en un soneto medieval.

 

 

XI

 

No hay tormenta que borre el calor

ni cremas árticas que otorguen placer

al desesperado estío.

Barquilla suave y próvida

de pechos rosados

vientres lampiños y frescos.

Degustación de oquedades

en primavera cálida

peleando un verano frío

y separaciones austeras.

 

 

XIV

 

Un álbum borroso de cincuenta olvidos

labios que no besé

cuerpo que pudo y no fue mío

se aleja en la noche de California

en medio de un globo de nostalgias

y amor que no complace.